Neteando con Fernanda

Limpieza urgente

Cosas inesperadas —y muy positivas— suceden cuando nos decidimos a realizar una buena limpieza. Hace unos días me topé con una nota que narraba cómo en la Universidad de Bristol, en Reino Unido, descubrieron, guardados en una caja que se encontraba encima de un armario, el material, nada más y nada menos, que del arqueólogo sir Leonard Woolley, que provenía de sus excavaciones de la ciudad de Ur. 

El hallazgo es de gran relevancia porque sir Leonard Woolley fue una autoridad en arqueología. Considerado uno de los primeros arqueólogos modernos, fue nombrado caballero del Imperio Británico en 1935 por sus contribuciones a esta disciplina. Las excavaciones que realizó en la antigua ciudad de Ur (ubicada en lo que hoy conocemos como Irak) aumentaron sustancialmente el conocimiento de Mesopotamia. Su descubrimiento de la evidencia arqueológica de una gran inundación sugiere una posible correlación con el diluvio descrito en La Biblia. Junto con T. E. Lawrence, mejor conocido como Lawrence de Arabia, trabajó en la excavación de la cuidad hitita de Karkemish (Turquía) y posteriormente en el-Amarna, la capital de Egipto bajo el reinado de Akenatón.

La caja contiene material que data de hace 4 mil 500 años. Consiste principalmente en cerámica, semillas y huesos de animales que proceden de la excavación de una tumba en Irak, patrocinada conjuntamente por el Museo de la Universidad de Pensilvania y el Museo Británico en las décadas de los 20 y 30. Al igual que sucede en las limpiezas domésticas (a pesar de que los contenidos de la caja habían sido descritos anteriormente), nadie sabe cómo ni por qué llegaron a ese armario en Bristol ni cuánto tiempo habían estado ahí.

No se tiene que ser experto en decoración, feng shui o lo que sea para saber que el desorden y la suciedad deprimen y enferman. Por ello, se recomienda hacer una limpieza en primavera. Así podemos sacar todo lo que guardamos durante el invierno y ya no necesitamos. El tener cosas arrumbadas que no necesitamos no genera nada más que acumulación de polvo y telarañas. Confieso que me cuesta trabajo y a veces acabo haciendo la limpieza de primavera en otoño, pero reconozco que es indispensable sacar las cosas de tanto en tanto.

Al igual que nuestro hogar u oficina, nuestra mente también se ensucia. Requiere de una limpieza cada temporada para encontrar y tirar todos aquellos pensamientos que acumulamos y no necesitamos. ¿Cuáles? Hay miles, pero —a mi parecer— podríamos empezar con todas aquellas creencias que nos limitan y nos hacen sufrir. Los juicios (a nosotros mismos y las demás) deberían ser de las primeras cosas que echemos fuera a la hora de limpiar. 

Generalmente, estamos tan ocupados y tan a la carrera en el día a día, que es fácil perder el rumbo y, sin darnos cuenta, navegar a donde no queremos ir. Un pequeño desvío y terminamos muy alejados de nuestro destino original. Por ello es fundamental que, de cuando en cuando, hagamos un alto para ver si las acciones que estamos tomando verdaderamente nos están llevando a donde queremos ir y si nuestros pensamientos y creencias abonan o nos alejan de nuestras metas.

Parece increíble, pero estamos tan ocupados en tantas cosas urgentes que nos olvidamos de lo que es importante. Cuando te sientes como un hámster corriendo sin parar en una jaula, es señal de que llegó la primavera en tu cabeza; tienes que parar, revisar y, si es necesario, recalcular.

Hay muchas opciones para realizar una limpieza mental. Cada uno puede buscar al que considere apropiada. Lo importante es hacer ese esfuerzo para hacer un alto y darnos a la tarea de la limpieza y sacar lo que no necesitamos. Esta limpieza es algo que nadie puede hacer por nosotros; es parte de la decisión personal de tomar el toro por los cuernos y ver esas cosas que a veces son dolorosas. Afortunadamente ese valor de ver y aceptar eso que no nos gusta es lo que nos da la posibilidad de cambiar.

Don Miguel Ruiz, el autor de Los cuatro acuerdos (palabras más, palabras menos, ya que cito de menoría) me dijo hace unos días: “Todo está en nuestra mente. Podemos vivir en el cielo o en el infierno. Es nuestra elección. Podemos ver lo que hicimos, aceptar las consecuencias de nuestros actos, dejar los juicios a un lado y perdonarnos o seguir juzgándonos y maltratándonos todos a cada minuto”.  Don Miguel tiene tanta razón, mejor limpiar, darnos que cuenta de que podemos cambiar, aunque cueste y duela, a vivir en el infierno.

 

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