Neteando con Fernanda

Lecciones de contabilidad

Para mí este ha sido un buen año y estoy agradecida con tantas personas que han sido claves para mi bienestar. Profesionalmente, destaca la presentación de mi libro Sólo para parejas en Museo Soumaya, haber sido elegida para participar en la campaña Leas dónde Leas, de Sanborns, hablar sobre Nelson Mandela en un foro organizado en el Senado y recientemente un reconocimiento profesional que no esperaba. Mi familia aumentó con dos maravillosas sobrinas y todos gozamos de salud.

Como siempre también hay momentos amargos. Quiero compartir uno de ellos, para evitárselos por si acaso se encuentran en mi misma situación sin saberlo. Tendemos a pensar que los problemas con Hacienda no son solo para los que tienen mucho dinero como las celebridades y los grandes empresarios. Tristemente, no es así. Simples mortales tienen las mismas obligaciones fiscales y pueden verse en serios problemas con el SAT. Al igual que el Divo de Juárez, confié en que la persona que llevaba mi contabilidad, era honesta, profesional y que yo estaba al corriente de mis obligaciones fiscales, después de todo por eso me cobraba. El problema es que confié y no me cercioré, y eso es un craso error.

Contraté a Adriana para llevar la contabilidad, cuando la anterior se mudó a Monterrey y fue una pesadilla recuperar mis papeles. (Lección número uno: quien lleve su contabilidad no debe de quedarse con sus papeles más que el tiempo necesario para realizar el trabajo, después de eso debe devolverlos para que seamos nosotros quienes estemos en poder de nuestra contabilidad).

Busqué por cielo, mar y tierra a una persona que llevara mi contabilidad y encontré a Adriana. Amablemente me dijo que ella se ocuparía de todo y que no tenía que preocuparme de nada. Sus oficinas estaban en la colonia Nápoles y parecía una persona seria y competente. Quedamos de acuerdo en sus honorarios que cubrirían las declaraciones mensuales y, desde luego, la anual. Yo estaba convencida que ella hacía su trabajo. Un tiempo después, empezaron a llegar requerimientos por parte de Hacienda. Se lo comenté pero dijo que era algo que sucedía a todos sus clientes. “No te preocupes, las mandan por default”. Cuando le preguntaba que por qué no llegaban los correos de SAT acreditando las obligaciones presentadas, respondía que el sistema estaba saturado pero que ella tenía los PDF de todo lo que se había presentado. (Segunda lección: si recibes algo del SAT, ve y pregunta tú qué es lo que está pasando. Hay muchos contadores que suelen mentir sobre el tema).

Después de un tiempo, llegó a mi domicilio una notificación de Hacienda dónde me invitaba a ponerme al corriente de mis obligaciones fiscales. ¿Cómo? ¿Y lo que le pago a la contadora para que lo haga? Me fui derecho a Hacienda a averiguar mi situación fiscal pensando que había un error. Casi me desmayo. No había errores, la dolorosa situación es que ninguna de mis dos contadoras, a pesar de haberme cobrado puntualmente, habían presentado todos los documentos que se requerían. El personal del SAT amablemente me explicó todo lo que había que hacer y seguí puntualmente sus instrucciones.

Desde luego que le pedí explicaciones a la persona que me llevaba la contabilidad. Ella primero dijo que tenía todo en la bodega, luego que los PDF en su computadora y por supuesto cuando insistí que me los mostrara tuvo que aceptar que no había nada. Me explicó que había estado muy enferma, (lo cual no la exime de nada porque mintió mes a mes y bien podía haber dicho algo cuando iba a su oficina) y pidió disculpas. Prometió pagarme el dinero que le había dado por el trabajo que no realizo. Por supuesto que no lo ha hecho todavía porque, según dice, sigue muy enferma.

Cuando lo comenté con mis amigos, tristemente varios habían estado en una situación similar: las personas que les llevaban la contabilidad se habían fugado con el dinero de los impuestos, o habían calculado mal o no habían presentado nada de lo que tenían que presentar. Es una situación mucho más común de lo que pensamos.

Este año —dolorosamente— aprendí una buena lección: tu vida fiscal, es parte de tu vida. Sí, es complicada, nos asusta, pero tenemos que aprender a realizarla nosotros mismos o bien, a supervisar a quien la lleva para evitarnos sorpresas muy desagradables. En mi carta a los Reyes Magos, pedí que esperaba que este año los trámites en el SAT se simplificaran para que cualquier mortal pueda hacerlos y que los contadores sean obligados solidarios de quienes llevan la contabilidad. Creo que así nos libraríamos de personas tan deshonestas como Adriana. Veremos si me lo traen o no.

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