Neteando con Fernanda

Lealtad

Si bien es cierto que la imparcialidad es deseable en muchas situaciones, existen otras en las que es nuestra obligación moral tomar partido. Algunas veces podemos permanecer ecuánimes, sin juicio y no hay necesidad de decidir. Otras, es imperante que lo hagamos y nos decidamos por apoyar a una persona, un equipo, una causa o idea. El diccionario define la lealtad como el cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad. Una persona leal es aquella que guarda a alguien o algo la debida fidelidad. Ser leales a algo o a alguien implica tomar partido, no te puedes quedar a la mitad.

Tienes que decidirte, como en su momento expresó Margaret Thatcher: “El quedarse parado a la mitad del camino es muy peligroso; te derriba el tráfico por ambos lados”.

Hay veces en que la vida nos obliga a tomar partido. Tomar partido, como cualquier elección implica una renuncia a otras opciones. No puedes (o en teoría, no deberías) apoyar a las Chivas y Águilas en el clásico. Decides por uno u otro. No puedes estar en contra y a favor del aborto, del matrimonio gay o la reforma energética. Lo mismo sucede cuando estamos frente a la boleta electoral. Eliges “A” o “B”. El marcar más de un partido, anula la boleta y hace que tu voto no se contabilice. Es cierto que existen diversas situaciones en las que no es importante o no es necesario tomar partido. En el caso del futbol, quizá no puedes apoyar dos equipos al mismo tiempo; pero sí es posible asistir al estadio y no tener preferencia por ningún equipo. Disfrutas el juego y te vas a tu casa. No pasa nada. Desafortunadamente, no siempre sucede.

Cuando estamos frente a una situación complicada en dónde ambas partes son nuestros amigos; digamos la ruptura de una relación en dónde hubo abuso, en algún negocio en el que uno roba a otro, es necesario tomar partido. Sí, es incómodo, pero tenemos que manifestar que no estamos de acuerdo con la conducta de esa persona.

Ante una injusticia, lo correcto es alzar la voz. Martin Niemöller, ilustra a la perfección esta necesidad en su poema (que se atribuye erróneamente a Bertold Brecht) “Cuando los nazis vinieron por los comunistas”: “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar”.

No podemos callar ante las injusticias. No importa si no son en nuestra contra, si no somos sindicalistas, comunistas o socialdemócratas, el quedarnos de brazos cruzados, además de lastimar profundamente a la víctima, alienta al victimario a seguir realizando la misma conducta. El callar, asumiendo una posición neutral, es negativo, ya que es un apoyo al agresor, no a la víctima. Quizá, una de las cosas de las que más podemos arrepentirnos, es por el daño que causamos al habernos quedado callados ante una injusticia. De hecho, en muchos de los casos que mueven a la sociedad, el reclamo principal es la complicidad del silencio, que alienta a los criminales a seguir realizando sus fechorías.  

A lo largo de nuestra vida, nos toparemos con gente desleal y estaremos ante la tentación de serlo. Es algo que hay que pensar dos veces. ¿Existe un deber de lealtad? Quizá no en la legislación vigente así que no recibiremos una multa o sanción económica por no ser leales. Tampoco iremos a la cárcel; sin embargo, sí es una condición del cariño. ¿Puedes verdaderamente decir que quieres a alguien si le eres desleal? No lo creo. Gabriel García Márquez decía: “Hay que ser infiel, pero nunca desleal” y puede entenderse ya que la infidelidad es un hecho del cuerpo, pero la falta de lealtad, es un acto del corazón.

La vida nos obliga a tomar partido en ciertas situaciones. Hagámoslo, en especial si uno de los involucrados es alguien cercano. La falta de lealtad es dolorosa si viene de alguien a quien apreciamos. Porque son justo de ellos de los que no esperamos una traición. El no tomar partido —como dije anteriormente— ayuda y alienta al opresor y nuestro deber es apoyar a la víctima. La lealtad debe ser un valor, no una suma de letras.

El trabajo del poeta es nombrar lo innombrable, señalar los fraudes, tomar partido, empezar discusiones, dar forma al mundo, y detenerlo para dormir.Salman Rushdie.

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