Neteando con Fernanda

Historias de Uber

El Uber llega por mí un par de minutos antes del tiempo que marca el indicador. El chofer se llama Ramón. Le pregunté: “¿Cómo se siente con la nueva reglamentación?”; me respondió que está muy contento, “solamente hay que pagar unos mil 600 pesos al año, y 1.5 por ciento por cada viaje. La empresa va aportar del 20 por ciento que les cobran”. Él es dueño de su auto y empezó a trabajar con éste. Cuando vio que el negocio funcionaba, junto con su esposa compraron otros dos vehículos: “Es complicado entrar: para empezar los exámenes son estrictos y me pidieron carta de no antecedentes penales. A mí todavía me tocó que me pidieran un modelo y año. Ahora ya cambió, pero se exige que sea un auto reciente y con calcomanía cero. Eso sí, el requisito del seguro no ha cambiado: se requiere uno con cobertura amplia y por más de 500 mil pesos”.

Todos los choferes de Uber a los que les he preguntado dicen estar contentos. Servando, por ejemplo, quien me llevó hace unos días, me contó que es ingeniero, trabajó muchos años en Pemex, pero le tocó un recorte y, al ser mayor de 40 años, pasó más de ocho meses buscando trabajo sin suerte, hasta que entró a Uber. Temía que se acabara su liquidación antes de encontrar empleo. Si bien comentó que le gustaría volver a ejercer su profesión, Uber es una buena opción por lo complicado que es encontrar trabajo a su edad: “Cuando mi hermano se quedó sin empleo decidió manejar su propio auto. Ya no piensa buscar porque gana bien y tiene tiempo libre. Él fue el que me insistió que entrara a Uber”.

Ramón me dijo que choferes que trabajaban manejando taxis ya están entrando a Uber. Le pregunte: “¿Cómo lo sabe?”, y me respondió que los que manejan sus dos autos lo eran. Ramón tiene varios parientes que son taxistas. Su tío manejaba uno, y cuando supo que Ramón y su esposa necesitaban un chofer le pidió trabajo. Sabía que les iba muy bien y que había muchas ventajas. El sitio en el que trabajaba perdía clientes: preferían Uber. Si antes esperaba unos 20 minutos en el sitio, ahora el tiempo de espera para recoger pasaje era de más de una hora.

Además, según Ramón, el sitio no le daba mucho más que un lugar para estacionarse y le imponían muchas condiciones. La primera es que no podían levantar pasaje en la calle. Después de llevar a alguien a su destino, Mario, el tío de Ramón, tenía que regresar al sitio sin pasajeros. Esto le ocasionaba un gasto mayor de gasolina y pérdida de tiempo, ya que tenía que hacer trayectos sin pasajero. Ahora, trabaja menos para ganar lo mismo. Ramón comentó que a Mario se le iba la mayoría del dinero en pagar mordidas: “El tarjetón cuesta mil 800 pesos, pero él tenía que dar más de 3 mil al coyote para que le ayudaran a pasar los exámenes o de plano le dieran ‘el brinco’. Además de la renta del sitio, tenía que dar otro varo a la persona que contestaba el teléfono. Total, no tienen más beneficio que un lugar para estacionarse, porque, de pilón, el sitio les prohibía entrar a aplicaciones como Yaxi o Easy Taxi”.

Ramón no les fija horarios a sus choferes, ellos toman sus descansos cuando quieren. Lo importante es que le echen ganas para llegar a su meta o cuenta. “Tenemos semanas muy altas y muy buenas. Ahora está flojo, pero de todas maneras saco bien. Mis choferes puede ganar hasta 2 mil 500 a la semana”. Ramón considera que la política de Uber de suspender el ingreso de nuevos choferes hasta que haya más usuarios es muy positiva, ya que hay un balance entre choferes y usuarios y da la oportunidad de hacer negocio. 

El tema de la seguridad no solo es primordial para los usuarios, sino también para los choferes. “Nosotros nos sentimos más seguros porque no vamos a subir a un desconocido. Calificamos a los usuarios y los podemos reportar. Por ejemplo, si alguien vomita en el carro, lo reportamos y  si Uber lo comprueba, le cobran al usuario el costo de la lavada y el tiempo que no pudimos trabajar por tener el coche todo sucio”.

Ramón me dijo que, además, su tío está feliz porque le tocaban muchos borrachos que al llegar a su destino le decían que habían perdido su cartera y que no podían pagar. Viajes en balde. Ahora tiene la tranquilidad de que a cualquiera que suba, sí le va a pagar.

Llego a mi destino y se termina la conversación con Ramón. Minutos después llega el correo con el costo del servicio: 100 pesos, menos de lo que regularmente pago. Uber es un buen ejemplo de nuevos modelos de negocio que tienen beneficios para todos.

 

fernanda@milenio.com

http://www.milenio.com/blog/fernanda

Twitter http://twitter.com/FernandaT