Neteando con Fernanda

Gallinas tratando de pasar por flamencos

Recuerdo a una amiga que empezó a salir con un abogado que adoraba acampar. No se perdía una oportunidad para ir, además a él le gustaba la música clásica. Mi amiga se informó sobre ambos temas y mientras eran novios lo acompaño varias veces; se esforzaba por ser la novia perfecta. Por supuesto, cuando se casaron, ella no volvió a acampar y además hacía tremendos dramas cuando él iba con sus amigos. A los conciertos iba a veces, pero nunca con la frecuencia de antes. Además de esas diferencias, como era de esperarse surgieron otras, hasta que finalmente se dieron cuenta que tenían muy poco en común y se divorciaron. Él se llegó a quejar varias veces después del divorcio, de que su ahora ex mujer, había cambiado mucho. ¿Cambiado?, no, tristemente lo que sucedió es que finalmente tiró la máscara y se mostró como siempre había sido.

Aceptarnos tal y como somos es difícil, pero si nosotros no lo hacemos nadie más lo hará. Por supuesto que todos queremos que nos valoren, aprecien y amen. Pero nuestra necesidad de aceptación y de cariño es grande que nos lleva a hacer casi cualquier cosa para que nos acepten.

Seguramente han visto circulando en las redes sociales la fotografía de una gallina caminado con una especie de zancos junto a dos rosados flamencos. El texto es contundente: “Las fregaderas que hace uno cuando está enamorado”. Ni cómo criticar a la gallina. En algún momento todos (ouch) nos hemos puesto en una similar, tratando de aparentar ser lo que no somos —y nunca seremos— para agradar a alguien. Lo cual es evidentemente ridículo para todos, menos para nosotros mismos. Aunque la imagen dice por “amor” creo que debería decir: “Las fregaderas que hace uno por inseguro”. Necesitamos que esa persona nos quiera y no nos importa fingir ser algo que no somos, mentir o engañar, con tal de que así suceda.

El problema es que si nos disfrazamos de flamencos, cuando en realidad somos gallinas, lo que estamos vendiendo y lo que los otros valoran, es una ilusión. Una cosa es adaptarse al entorno y otra, muy distinta, es fingir. Como siempre sucede, tarde o temprano, la verdadera personalidad sale a la luz. No es posible mentir para siempre.

En todas las relaciones, la sinceridad es importante. En el fondo, todos queremos saber qué terreno pisamos. Quizá el terreno será más pedregoso de lo que nos gustaría, pero a pesar de ello, queremos seguir en ella, después de todo, ninguna relación es fácil, en todas habrá problemas. El conocer la verdadera personalidad con todo y defectos de quien amamos y saber que podemos vivir con ellos, es un buen comienzo para cualquier relación.

Hay quienes pasan sus inseguridades a otros, por eso prefieren que sus parejas sean gallinas entre flamencos. Su inseguridad es grande y prefieren que su pareja no sea muy atractiva para que no haya otro u otra que se las pueda arrebatar. La inseguridad no tiene género, existe, tristemente, en mujeres y hombres que prefieren que sus parejas estén pasadas de peso, vistan pasada de moda o de una manera muy recatada, ya que el que otra persona las mire los hace sentir muy mal. De alguna manera lo que quieren es “encerrarlos” para que no tengan la posibilidad de engañarlos. Lo cual, sabemos bien, no se puede asegurar ni con cinturón de castidad.

Si fuéramos un poco más seguros de nosotros mismos haríamos justo lo contrario. Nos esforzaríamos porque nuestra pareja fuese la mejor versión de sí misma, que alcanzará sus metas, que fuera alguien que nosotros y todos admiren. Si resulta que ese Dios o Diosa quiere estar con nosotros es porque también valemos la pena. Es triste pensar que alguien solo quiere estar con nosotros porque somos su último tren, Afore, o porque nadie más le haría caso. En pocas palabras, elegimos ser el “peor-es-nada” de alguien, en vez ser el “no-lo-cambio-por-nada” de esa misma persona.

Si miramos a nuestro alrededor, la mayoría de las parejas no son “perfectas”, ni tienen gustos parecidos. Se respetan, se aman, tienen problemas pero saben resolverlos, están bien juntos y eso es lo importante. ¿Cuántas veces no hemos dicho: Qué hace esa súper maravilla con alguien así? Muchas. Quizá, el error está en esforzarnos para parecer un flamenco; cuando en realidad, lo único que quería el flamenco era una gallina que estuviera feliz de serlo.

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