Neteando con Fernanda

Francis Alÿs y la fe en la posibilidad de un cambio

Gotas de pintura rosa y azul unen al Museo Tamayo y a la Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS) son el rastro de un andar con una lata perforada que forman la obra The Leak  de Francis Alÿs. Considerado como uno de los artistas contemporáneos más influyentes, desde finales de marzo ambos espacios exhiben su trabajo: el Museo Tamayo presenta Relato de una negociación y la SAPS, Hotel Juárez.

Nació en Amberes, pero desde mediados de los años 80 vive en la Ciudad de México, lugar que definió su trabajo. Alto y delgado, habla con voz pausada. Amable, contesta a mis preguntas a pesar de haber estado hablando durante más de dos horas. Ha trabajado mucho para la exposición, luce cansado. Comenta que, aunque no lo parezca, todavía le falta. 

La obra de Alÿs parte de un diálogo entre la pintura y la acción. Estas acciones artísticas, que son registradas en video, pintura o dibujo, captan la universalidad de una situación local: “Es cierto que la vida real de un proyecto es un largo proceso de diálogo con comunidades y un intento de convencerlos de hacer algo esencialmente inútil o hasta absurdo a veces. ¿Cómo haces para que 500 personas se movilicen para desplazar una duna o 100 niños en Marruecos y otros 100 en España se metan al mar con barquitos hechos de zapatos? Pero esta parte, como más interesante, es donde uno tiene la posibilidad de establecer algún tipo de diálogo con una comunidad en un momento dado de su historia”.

Su inspiración nace de una inquietud o una preocupación. “La chispa de muchos proyectos son situaciones donde algo te molesta y no quieres aceptar la situación tal y como existe. Sientes la urgencia de reaccionar y, de alguna manera, tienes algún lenguaje crítico frente a esa situación. Más que un deseo, es una urgencia. Sí, creo que es la palabra que mejor resume el influx artístico”.

En Relato de una negociación podemos ver tres proyectos de Alÿs realizados en colaboración con Emilio Rivera, Daniel Toxqui, Julien Devaux, Elena Pardo, Félix Blume, y Rafael y Raúl Ortega durante la última década. Sus proyectos son siempre un balance entre entender y traducir las preocupaciones de una comunidad y tener como respuesta una propuesta universal. Por ello sus proyectos se pueden leer muy lejos del contexto de origen. “Siempre hay un frágil equilibrio entre una situación extremadamente local y una historia más universal. Tienen dos vidas: una extremadamente local, que es un intento de diálogo con la comunidad, y un momento de exportación donde la misma historia está proyectada y presentada en contextos a veces muy lejanos de esta realidad local”.

Alÿs trabaja en sociedades que viven situaciones de crisis, ya que considera que ahí existe más posibilidad de cambio: “Puede ser en Palestina o en Argentina. Son situaciones donde las sociedades son más frágiles y quizá más abiertas a escuchar otra voz, otra manera de ver las cosas. Son momentos donde la tensión permite una ventana al diálogo. Si una sociedad funciona de manera perfecta, no hay necesidad de escuchar otra voz y, por lo mismo, me cuesta más justificar nuestro papel como artistas”.

Estas situaciones de crisis proporcionan a Alÿs una oportunidad para plantear la realidad desde otra perspectiva. “Siento que gran parte del papel del artista se reduce a estos segundos, minutos de imaginar la realidad cotidiana bajo otros criterios. Es una situación que puedes traducir muy fácilmente; hoy en día en México estamos estancados en un problema del cual parece que nunca vamos a salir. El hecho de plantear la posibilidad de un cambio es un esfuerzo gigantesco en este momento, pero es parte de nuestra función como ‘agentes sociales’”.

Optimista, cree que el cambio es posible: “Lo único que te puedo decir si comparo cuando se planteó el proyecto de Lima en 1999, es que estaba atravesando una situación trágica y no, no me parecía que hubiera cualquier tipo de salida y la situación cambió radicalmente. El Perú de hoy no tiene nada que ver con el de  1999, así que el cambio es posible, a pesar de que en algún momento no lo ves factible. Entonces yo creo que sí. De otra manera, no quisiera seguir haciendo este tipo de intervenciones, a veces totalmente absurdas. Necesitas un poco de fe detrás de esos proyectos y casi un autoengaño; en algunos momentos vale la pena si existe la posibilidad de cambio”.

La entrevista termina más pronto de lo que me hubiera gustado. Me entristece porque tenía ganas de conocerlo desde hace años; sin embargo, su obra y sus palabras me devuelven la fe en la posibilidad de un cambio y eso es un gran regalo.

 

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