Neteando con Fernanda

Desacoplamiento consciente

Imagina un divorcio o una separación sin gritos ni recriminaciones. En un escenario ideal, dos personas que deciden separarse sin dañarse o lastimarse y continúan con una relación de amistad por el bien de sus hijos (si es que los tienen) o por honrar el amor que se tuvieron. A pesar de que debería ser lo común, ya que después de todo somos adultos, en la mayoría de los casos una ruptura sentimental conlleva gritos, sombrerazos y mucho dolor.

A principios de año escuché, por primera vez, el término Conscious Uncoupling en un artículo de Slate, en el que, en tono de burla, se hablaba de la manera en la que la actriz Gwyneth Paltrow anunció su divorcio con Chris Martin. En ese momento no le puse atención. Hay quienes se separan y otros se “desacoplan conscientemente”. Cada quien llame a las cosas como quiera. Hubiera olvidado el término pero hace unos días, buscando otra cosa, encontré un artículo que explicaba de lo que trataba el desacoplamiento consciente (al que también podríamos llamar separación amistosa) y me di cuenta que estaba equivocada. El desacoplamiento consciente no se refiere al hecho de la separación sino al modo de hacerlo.

Un desacoplamiento consciente es la manera ideal de cómo deberíamos terminar nuestras relaciones. ¿De qué se trata? De finalizar la relación de mutuo acuerdo, asumiendo la responsabilidad de nuestros errores, sin lastimar ni culpar al otro. En el caso de Martin y Paltrow, se dieron cuenta de que las cosas no iban bien. Como adultos lo hablaron, fueron durante un año a terapia y trataron de mejorar su relación. Después de ese periodo, se dieron cuenta que las cosas no mejoraban y decidieron separarse amistosamente después de 11 años de matrimonio.

El desacoplamiento tiene varios puntos importantes. Lo primero sería el mutuo acuerdo, que implica que tenemos que tener una de esas largas, honestas y quizá dolorosas conversaciones con nuestra pareja, cuando las cosas no van bien. Después está la parte de asumir nuestra responsabilidad por la ruptura, lo cual parece obvio pero la realidad es que es mucho más fácil culpar al otro de la ruptura que reconocer que cometimos errores, además de que tenemos muchos temas personales que solo nosotros podemos y debemos resolver (inseguridades, miedos, traumas, entre otros.)

Además, para tener este tipo de separación amistosa es necesario aguantarse las ganas de hablar mal del otro. Nada de chismes ni escándalos. Las amenazas, demandas y los abogados no caben en este tipo de acuerdos. La pareja, con ayuda de un mediador, llega a acuerdos sobre temas financieros, visitas y educación de sus hijos, con los que ambos se sienten cómodos y es ese acuerdo el que se presenta ante el juez. Para los famosos implica también decirle adiós al drama: nada de declaraciones incómodas o filtrar videos comprometedores. Supongo que para nosotros los mortales el equivalente sería no subir fotos en Facebook que puedan hacer sentir mal, ni publicar en redes sociales frases de ardido, que, aunque no tengan arrobado al destinatario, todos los que los conocen saben para quién son.

Por supuesto que terminar una relación o matrimonio así es lo que en el fondo todos queremos. Nadie conscientemente quiere lastimar con su ruptura a terceros, como serían los hijos o bien los amigos y familiares de la pareja. Desafortunadamente no todas las parejas pueden llegar a este tipo de separación amistosa para finalizar con su relación. Hay quienes no están listos para terminar la relación y dejar ir. En otros casos, en especial cuando hay situaciones de abuso, es difícil encontrar la madurez y serenidad que requiere asumir las propias culpas y dejar ir los resentimientos.

Claro que este desacoplamiento consciente no es el descubrimiento del hilo negro. Hace un tiempo comentaba en estas páginas la historia de una pareja que tenía una relación excelente después de varios años de divorciados. Durante la historia han existido muchas parejas han seguido siendo amigos cuando termina la relación amorosa; sin embargo, creo que es sano recordar que existen mejores soluciones para los conflictos. En vez de dejar que las emociones nos dominen hay que tratar de mantener la calma y objetividad. Este aprendizaje no solo es urgente en las relaciones donde los hijos son los más perjudicados, sino en temas laborales, empresariales, políticos, en los que acaban pagando los platos rotos quienes menos culpa tienen.

En muchas ocasiones no podemos evitar que una relación termine. Está fuera de nuestro control. Lo que sí podemos evitar es hacer un circo de esa dolorosa ruptura.


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