Neteando con Fernanda

Cuidado con el Caballo de Troya: la colegiación obligatoria

A primera vista era un regalo maravilloso. ¿Quién podría objetar semejante obsequio? Cegados por la vanidad, los troyanos metieron dentro de la ciudad amurallada el enorme caballo de madera que habían dejando los helenos. Conocemos el desenlace: durante la noche, los guerreros que estaban escondidos en las entrañas del caballo, salieron de él, mataron a los guardias y abrieron las puertas para que el ejército pudiera entrar. Fue ese magnífico obsequio lo que llevó a Troya a su fin.

En febrero de 2014 un grupo de Senadores presentó una iniciativa de reforma constitucional en materia de colegiación y certificación obligatorias. Ya en 2010 el senador Creel había presentado una iniciativa similar que no prosperó. La presente iniciativa propone —entre otras cuestiones— modificar el artículo 5 constitucional para establecer que: El Congreso de la Unión determinará los casos en que, para el ejercicio profesional, se requiera de colegiación, certificación periódica o cualquiera otra condición especial, así como las modalidades y términos de cumplimiento de dichos requisitos.

"Los colegios de profesionistas serán entidades privadas de interés público que coadyuvarán en las funciones de mejoramiento y vigilancia del ejercicio profesional; se constituirán y operarán de conformidad con lo dispuesto por las leyes, con autonomía para tomar sus decisiones y no podrán realizar actividades religiosas o políticas. La afiliación de los profesionistas será individual." En adición a la mencionada iniciativa, también existe otra por medio de la cual se expide la Ley General de Ejercicio Profesional Sujeto a Colegiación y Certificación Obligatorias.

A primera vista, también parece una gran idea que los profesionales estén colegiados. Nos dicen, quienes defienden esta propuesta, que esta medida pondría fin a los abusos de médicos, abogados, arquitectos, etc. Además, los obligarían a actualizarse. Comentan que es una práctica que se realiza en otros países a fin de elevar la calidad de los profesionistas. ¡Aguas! No nos dejemos engañar (como los troyanos) por los argumentos que presentan quienes defienden la propuesta. Es indudable que todos, sin excepción, queremos mejores profesionistas con altos estándares éticos. ¿Quién, en su sano juicio, puede objetar tal cosa? El punto que debemos analizar es sí la coligación obligatoria es el camino para lograr esos objetivos.

Para empezar, la coligación obligatoria implica una limitación a nuestras garantías de libertad, ya que el artículo quinto, aún en vigor, establece claramente que no se puede impedir que una persona se dedique a la profesión u trabajo que le acomode mientras sea lícita y que ésta solo podrá vedarse por determinación judicial, cuando se ataquen derechos de terceros. En cada estado la ley determina cuales son las profesiones que requieren de un título para poder ejercerlas y las condiciones para que la autoridad expida el mismo.

Los derechos del hombre o derechos humanos no deben ser limitados. Es cierto que existen casos excepcionales en que la misma ley prevé la limitación de éstos derechos, pero esto sucede cuando peligra la supervivencia del Estado y esta suspensión es temporal. En éste caso, el Estado no está en peligro ni la suspensión es temporal. No hay justificación para limitar nuestros derechos humanos de libertad de trabajo y libertad de asociación.

Si bien es cierto que es deseable que se eleve la calidad de los profesionistas, también lo es que desde hace años existen colegios y su existencia poco ha abonado a la elevar los estándares éticos o profesionales de sus agremiados. Para quienes alegan que es una práctica que existe en otros países, permítanme decirles que la colegiación obligatoria no ha solucionado los problemas de falta de ética de una profesión. Un buen ejemplo de lo anterior es el gremio legal en EU. Si la infinidad de películas y series de abogados corruptos no son suficientes, (sus anécdotas sobre abogansters son peores que las nuestras) échenle un ojo a los números del American Bar Assiociation; la mayoría de las demandas de negligencia profesional a abogados son por falta de conocimiento. Si los colegios fueran la panacea que prometen esas demandas no existirían.

Todos queremos profesionistas que estén al día y trabajen con ética; sin embargo, esto no se consigue por decreto ni limitando las libertades. No seamos ilusos. Para lograrlo requerimos una educación que fomente valores desde el jardín de niños hasta la universidad. ¡Cuidado! La bandera de profesionales éticos y preparados puede ser un Caballo de Troya que termine con una de nuestras libertades.

Para saber más sobre el tema visite la web:http://reflexionesjuridicasmexico.blog.com/2015/10/14/algunas-consideraciones-sobre-la-colegiacion-obligatoria/

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