Neteando con Fernanda

Contradicciones

La congruencia —según explica el diccionario— es sencillamente la conexión lógica y coherente entre dos o más cosas. El problema es que esta conexión es difícil de mantener. Decimos una cosa y hacemos otra. Queremos una cosa (o decimos que queremos una cosa) y buscamos exactamente lo contrario.

Las contradicciones son un asunto cotidiano y bastante común. Las encontramos por todas partes y las relaciones de pareja no son la excepción. El nuevo rol de la mujer en la sociedad provocó muchos cambios en nuestros paradigmas. Y si bien es cierto que desde hace algunos años hay mujeres en todo tipo de oficios y posiciones de poder, todavía nos cuesta ajustarnos a lo que esa equidad conlleva. Después de todo, durante muchos siglos el hombre fue el proveedor y la mujer recolectora y las cosas cambiaron hasta hace poco tiempo relativamente.

Las contradicciones femeninas son bien conocidas y comentadas por todos; sin embargo, hablamos mucho y hacemos poco, porque están a la orden del día. Un “clásico” en estos temas es que por un lado clamamos igualdad y por otro esperamos que nos abran la puerta del coche y paguen la cena. Una amiga que se considera moderna y liberada puso el grito en el cielo cuando su entonces novio le dijo que pagara la mitad de la cuenta. Las contradicciones no son un tema exclusivo de solteros. He escuchado a muchas mujeres casadas que por una parte se quejan de las largas horas que su marido pasa fuera de casa pero no hacen nada para que trabaje menos. Es decir, no buscan un empleo para cooperar con la manutención familiar o tampoco disminuyen los gastos de la casa. Es evidente que clamamos equidad, pero no tenemos bien claro el concepto. Nos cuesta entender que es importante que tengamos un proyecto de vida propio, sin olvidar que somos equipo. 

De las contradicciones masculinas quizá hablamos menos, pero son una realidad. Ellos también dicen que quieren una cosa, pero buscan otra. Mi amiga Helena salió con un hombre de mediana edad que se decía un “hombre liberado”. Se quejó amargamente de las mujeres que únicamente quieren ser amas de casa y dependen de sus parejas. Le repitió, varias veces por cierto, que buscaba a una mujer fuerte, liberada, independiente y trabajadora: “Que tenga SU vida”, dijo el hombre en la primera salida. Helena es una mujer que reúne esas cualidades, así que el comentario no le causó ningún escozor. El problema fue que el señor no era congruente con lo que decía buscar. Se quejaba de que ella estaba siempre ocupada en su trabajo y que no tenía el tiempo para él. Le hacía tremendas pataletas si se demoraba unos minutos en contestar sus mensajes o llamadas. “Bromeaba” acerca del tiempo que le dedicaba a su trabajo (comentarios que no eran más que violencia verbal disfrazada). Si Helena se quejaba, él remataba con: “Es que no tienes sentido del humor”. Para colmo, era adicto a tener la razón y le molestaba que lo contradijeran. Helena no tardó en comprender que una relación con alguien así no era lo que ella buscaba y lo mandó de paseo.

En parte las contradicciones suceden porque no sopesamos correctamente las consecuencias de nuestras elecciones. Si quieres que tu pareja esté todo el tiempo contigo, no salgas con un piloto que vive viajando. Si quieres salir con una mujer muy trabajadora, no te desesperes si no te contesta el teléfono cuando está en una junta. ¿Cuántas no hemos escuchado a alguien (o a nosotros mismos) que insiste en que quiere una relación seria y estable, pero que sale con una persona con la que es imposible tener ese tipo de relación? La frase de mi querida Carmen María Oca queda perfecta para estas situaciones: “Si quieres ir a París, no compres un boleto a Río de Janeiro”. 

Es fácil detectar las contradicciones desde fuera. Cuando no somos los protagonistas, podemos darnos cuenta que no es justo quejarse de que tu pareja trabaja mucho si sabes que tiene una enorme lista de pagos pendientes o que si quieres salir con una mujer trabajadora, ella tendrá lógicamente menos tiempo para ti.

Nos ha costado trabajo entender la equidad en las relaciones de pareja y ambos sexos somos contradictorios. Supongo que es similar al movimiento de un péndulo: pasamos de un extremo al otro y eventualmente llegaremos a un justo equilibrio. Para acelerar el proceso es necesario que revisemos nuestras conductas y valoremos las consecuencias de nuestras elecciones, de lo contrario, seguiremos viviendo por un largo tiempo con esas molestas contradicciones.

 

fernanda@milenio.com

http://www.milenio.com/blog/fernanda

Twitter http://twitter.com/FernandaT