Neteando con Fernanda

Confesiones de una "nomofóbica" sin remedio

Nomofobia. El otro día encontré el término en un artículo y después de buscar la definición supe que padecía de esa fobia. No es que me guste, pero negarlo no resuelve nada y, salvo por un par de honrosas excepciones, creo que todos a mi alrededor son nomofóbicos en mayor o menor medida. Basta dar un vistazo a nuestro entorno —en el consultorio médico, en el antro, en el elevador, cafetería, restaurante, fonda o Metro— para darnos cuenta de que estamos rodeados por ellos.

Acepto que tengo ya varios años padeciendo esta fobia y, lejos de mejorar, ha empeorado. Como una humedad que entra poco a poco en un área de tu casa, hasta que es enorme y visible, la nomofobia poco a poco, te va robando pedacitos de vida. Imperceptible en su inicio, va aumentando gradual, pero consistentemente, hasta que un día, este terror acompaña tus días y tus noches, no te abandona entre semana, tampoco los días de asueto, te asalta en tu ciudad de origen y cuando estás en el extranjero.

Puede ser que no hayas oído la palabra nomofobia todavía, pero seguramente la padeces. Cuando has contraído nomofobia difícilmente podrás deshacerte de ella. Como suele suceder, la mayoría niega o minimiza su fobia y muchos, a pesar de padecerla, la critican ferozmente en otros, cuando ellos están igual de mal o peor de los que critican. Pocos nomofóbicos aceptan orgullosos su padecimiento. La nomofobía es democrática, no distingue edades, géneros ni países. Muchos la consideran la enfermedad del siglo XXI.

Aunque la Real Academia Española no la pone aún en el diccionario, Wikipedia sí lo hace y podemos encontrar varias referencias sobre ella en la red. Nomofobia, no es otra cosa que el medio —excesivo e irracional— a estar sin teléfono celular. El término que se originó en Inglaterra es nomophobia, una abreviación de no-mobile-phone phobia (fobia a no tener teléfono móvil). Por ahora es un término poco común, pero estoy segura de que en breve formará parte de nuestro lenguaje cotidiano. Esta expresión se acuñó durante un estudio realizado por la Oficina de Correos de Gran Bretaña, para conocer acerca de las ansiedades que sufren los usuarios de teléfonos celulares. El estudio, de hace dos años, arrojó que la mayoría de los británicos tienen terror a perder la señal, quedarse sin batería o perder de vista a su teléfono móvil.  

Yo siento lo mismo que esos británicos. Nuestro celular, más que un teléfono, es lo que nos conecta con el mundo y somos cada vez más dependientes de él. Para empezar, después de todos estos años de uso, son muy pocos los números telefónicos que puedo recordar de memoria. Además, pocas de mis amistades o relaciones laborales tienen el teléfono de mi casa, así que además de no poder hacer llamadas, pocos podrían llamarme. ¿Qué tal si me necesitan de forma urgente en la chamba y no me puedan encontrar? ¿Qué tal que algún amigo o familiar precise de mi ayuda? Digo, sé bien que no soy indispensable, pero a pesar de ello, la idea me produce calambres y no puedo concebir salir de casa tranquilamente y dejar el celular guardado en un cajón.

Cada vez estamos más pendientes de nuestros teléfonos, tablets y demás dispositivos. Adictos a la información, necesitamos enterarnos de quién nos mandó un mensaje de correo electrónico, Whatsapp , SMS o BBM. Revisamos además si tenemos mensajes o qué es lo que se comenta en Twitter, Mobli, Facebook, Linkedin, Instagram o Pinterest. ¿Cómo podríamos esperar en un consultorio médico o subirnos a un elevador sin un móvil? Leí hace tiempo que revisamos nuestro teléfono 300 veces al día. Me pareció exagerado, ahora empiezo a considerarlo un número promedio después de notar la cantidad de veces que todos consultamos el celular durante una comida.

Nomofóbico que se respeta no sale de casa sin su celular. Si esto llegara a suceder por un funesto olvido, busca la manera de que alguien se lo lleve a donde está en el menor tiempo. Si esto no es posible, seguramente regresará a buscarlo. Cuando por alguna razón tienen que apagar el aparato como en un avión, lo miran con ojos de ¿qué estará sucediendo en el mundo? De todas maneras, y aunque sea en modo avión, siguen usándolo.

Conocer el nombre no va a eliminar el problema, pero ayuda a tomar conciencia de que además de estar pendientes de nuestros aparatejos —hay que aceptarlo, no vamos a dejarlos— hay que darles la importancia que se merecen (que es infinitamente menor) a las personas que tenemos cerca.

fernanda@milenio.com

http://www.milenio.com/blog/fernanda

Twitter http://twitter.com/FernandaT