Neteando con Fernanda

Calumnia, que algo queda

El bullying u hostigamiento no es únicamente cosa de niños ni termina cuando los días de clases llegan a su fin. El bullying es también parte de nuestra realidad adulta en nuestra vida laboral. Las calumnias son comunes a todos los niveles y —me atrevo a suponer— en todo tipo de empresas. A pesar de que la forma de hostigar cambie (y difícilmente llegarás a los golpes con un colega), las consecuencias del hostigamiento son igualmente dolorosas, como saben bien quienes han sido injustamente calumniados.

El llamado radio pasillo es letal; puede destruir reputaciones y esparcir falsedades en segundos. “No se le digas a nadie, pero me acabo de enterar que Fulana o Fulano se acuesta con el jefe”… listo. A partir de ese instante se pondrá en tela de julio la capacidad, logros, promociones de Fulana o Fulano en la empresa. La calumnia mancha aunque no tenga ni un ápice de verdad. Basta que alguien lo diga para que caiga ese manto de duda sobre un inocente.

La calumnia es el artilugio favorito de los envidiosos. Una calumnia no es producto del azar ya que la intención de esta acusación o falsa imputación, que es causar daño, perjudica. Este tipo de hostigamiento para adultos es una triste, pero muy cotidiana realidad.

Las redes sociales han dado a calumniadores y difamadores un radio pasillo gigante con un alcance inmediato. Con la ventaja de que es más fácil permanecer en el anonimato. Varias veces en este espacio he hablado de la falsa valentía que da el anonimato en las redes sociales. Alguien que se esconde bajo un seudónimo (algo así como  HoTcAke69 y tiene un avatar de huevo) puede insultar, ridiculizar, denigrar y calumniar a su antojo sin que haya consecuencias en su contra. Es triste ver que en las redes sociales, blogs y otros medios este tipo de insultos son comunes. Estoy segura que esta “valentía” se esfumaría en segundos si tuviesen que declarar su identidad. Y, aunque no tengo manera de comprobarlo, podría apostar que se desharían en halagos si tuvieran frente a frente a la persona que critican.

Sea cibernética, física, impresa, en video, ante muchos o pocos, estos rumores tienen muchas consecuencias para quien los sufre y, tristemente, bastante pocas para el agresor. Lo terrible es que a pesar de que se desmienta en la mente de todos, queda una sombra de duda prácticamente imposible de borrar. Es cierto que existen mecanismos legales, pero éstos no borran la calumnia en su totalidad: De ahí el refrán: Calumnia, que algo queda.

Los calumniadores son expertos en citar a personajes anónimos o inexistentes como fuentes de información. “Dicen que en el otro trabajo tuvo problemas con el jefe por su mal carácter. No sé si sea cierto, pero eso dicen”. Quienes lo dicen qué autoridad tienen para decirlo, no importa. En la mayoría de los rumores jamás conoceremos a las supuestas fuentes ni sabremos quién los inició.

No tenemos control sobre la verdad. Cualquier historia, sea o no apegada a la realidad, puede aparecer en cualquier medio de comunicación y aireado a millones de personas. Muchas veces tampoco hay interés para conocer la verdad e investigar lo que en realidad pasó. Parece para muchos que lo fundamental es alimentar la curiosidad morbosa: el que esos escándalos sean ciertos y provengan de una fuente confiable, es lo de menos. 

Tristemente estos medios que se dedican a esparcir rumores y medias verdades cuentan con miles de consumidores voraces.  No exigen que la información sea cierta, qué esté verificada, sino que sea escandalosa.

No podemos decir que los rumores sean un signo de nuestros tiempos ya que existen desde que el mundo es mundo; sin embargo, creo que deberíamos de ser mucho más críticos y exigentes en este tema para evitar que los rumores y las calumnias se dispersen como un virus. Tanto en los medios como en las personas que nos rodean. El ser exigentes y no tolerar la calumnia y difamación como sociedad es, de alguna manera, un seguro de protección, porque nadie está exento de que un envidioso se dedique a manchar nuestro nombre y difundir medias verdades sobre nosotros, que a pesar que sean desmentidas, en la mente de quienes las escucharon algo queda…

 

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