Neteando con Fernanda

Amar a los animales no te hace necesariamente una buena persona

Raquel, una mujer muy joven, llora la muerte de su esposo. En las redes sociales recibe muestras de solidaridad y apoyo; sin embargo —debido a la profesión de esposo—, recibe burlas, palabras crueles, incluso, muestras de alegría. ¿Cómo? ¿Qué pudo hacer el marido de Raquel para despertar tanto odio? ¿Es un criminal? No. El marido de Raquel tiene una profesión legal y murió en el ejercicio de ella: es torero. El sábado pasado el diestro Víctor Barrio, de 29 años, falleció a causa de una cornada en la plaza de toros de Teruel. Un evento trágico que debió haber despertado solidaridad y empatía; sin embargo, mostró un triste rostro del ser humano.

Las redes sociales son un espejo de la sociedad o una parte de ella. El que haya personas que se hayan mofado o alegrado de la muerte de un ser humano es una señal de alarma. Este tema va más allá de estar a favor o en contra de las corridas de toros. Tampoco tiene nada que ver con la defensa y buscar el trato justo a los animales. Es un problema de falta de empatía y de respeto. Podemos no estar de acuerdo con las corridas de toros, podemos amar profundamente a los animales, pero ¿alegrarse de una tragedia? ¿Burlarse? ¿Lanzar palabras ofensivas a una mujer que sufre tiene algo que ver con la defensa a los animales? No. Y si bien no es un delito, es una mezquindad.

Muchos de los comentarios venenosos que se vierten en las redes sociales son producto de la valentía del anonimato. Es muy fácil decir frases de odio bajo un pseudónimo. Estoy segura de que si tuvieran a la viuda o a los padres del diestro frente a ellos no tendrían el valor para decirles a la cara las crueldades que escribieron en las redes. En otros casos, buscan notoriedad. Les parece indispensable hacerse pasar por "buenos" en las redes sociales. Al igual que hacer yoga o andar en bicicleta; ser "animalista" es políticamente correcto en las redes sociales. Supongo que muchos entran en la espiral de odio, sin pensar que en sus errados intentos por defender a un animal están agrediendo con tremenda crueldad a un ser humano. Los mensajes que recibió Raquel Saénz, viuda del diestro, son: "Muy feliz estoy. Se está pudriendo en el infierno. El mundo es un lugar mejor". Un maestro manifestó en Facebook su alegría por la muerte del "asesino" y únicamente lamento que no hubieran muerto además sus familiares. Otro tuitero manifestó: "Si todas las corridas de toros acabaran como la de Víctor Barrio, más de uno íbamos a verlas". En México hubo también tuits de odio y desprecio y también expresaron su alegría por la muerte del torero. En España, los tuits obligaron a la Guardia Civil a intervenir para pedir respeto por el torero, y la Fundación Toro de Lidia anunció acciones legales en contra de los injuriadores.

Existe la creencia de que una persona que ama a los animales es buena. Lamento informarles que no hay una correlación. Ser una buena persona es bastante más complejo que amar a una mascota. De hecho, hay ejemplos de seres monstruosos que profesaban un gran amor a los animales. Calígula sentía una pasión —enferma— por su caballo Incitatus. Hitler adoraba a los animales y para evitar su muerte era vegetariano. Los nazis estaban en contra de la crueldad hacia los animales y fueron pioneros en leyes en contra del maltrato animal. Los psicópatas, dicen los estudiosos del tema, pueden ser muy amorosos con sus mascotas.

Sin duda amar a los animales, cuidarlos y buscar su bienestar es loable (en otra ocasión hablaremos de la parte oscura de amar demasiado a los animales); sin embargo, la defensa de éstos no justifica la crueldad en contra de otros seres humanos. Defenderlos no requiere de maltratar a otros y tratarlos como criminales. Ni en este caso, ni en ningún otro.

Podemos no estar de acuerdo con las corridas de toros, podemos manifestarnos pacíficamente en su contra. Tratar de hacer conciencia de la importancia de un trato justo a otras criaturas; son acciones que benefician a los animales. Alegrarse de la desgracia ajena, mofarse y burlarse de la muerte de un torero no sirve de nada para la protección de los animales, tampoco nos hace amarlos más; únicamente nos retrata como personas llenas de odio. Se vale defender nuestras creencias, pero es necesario también respetar las de otros.

Decía Schopenhauer: "Quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona". Yo le quitaría "con los animales": "Quien es cruel, no puede ser buena persona", punto.

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