Neteando con Fernanda

Amarga Navidad

Los villancicos hablan de campanas, alegría y amor en el mundo. Las películas y anuncios muestran a familias reunidas, abriendo regalos, enamorados, contentos disfrutando plenamente la temporada. Un mundo ideal donde somos felices y afloran los buenos sentimientos. Para quienes no encajan en este modelo, la Navidad no tiene nada de dulce y tampoco es la temporada para estar felices.

Estas fechas decembrinas suelen ser complicadas. Desde luego son una molestia para los grinches que, como yo, que no soportamos a Santa Clós (recuerden que yo prefiero las navidades tradicionales con pesebre y todo), pero son especialmente difíciles para quienes han sufrido una pérdida, tienen dificultades económicas, sentimentales o problemas familiares. Estas fechas suelen poner los sentimientos a flor de piel;  como “Jarritos de Tlaquepaque”, diría mi abuela tapatía, así que el menor desaire nos hace sentir olvidados, maltratados, abandonados. La temporada de “estar felices” es, paradójicamente, la que los hace sentir peor…

Así como hay quienes empiezan a disfrutar la temporada navideña desde agosto cuando los almacenes ponen a la venta artículos navideños, otros empiezan a sentir angustia justo desde ese momento. “¿Con quién voy a pasar las fiestas?”, “¿cómo voy a pagar las cuentas?”, “¿cómo puedo sobrevivir a la Navidad sin mi mamá?” y un largo etcétera. La depresión navideña existe y es más común de lo que pensamos.

Las expectativas navideñas son uno de los principales enemigos. El esperar que las cosas deben ser de tal o cual manera para que podamos ser felices es un grave error.  En este “deber ser navideño” las familias deben ser armoniosas, las parejas enamoradas y debemos sentirnos felices y generosos. Lo cierto es que no todas las relaciones entre padres pueden ser complicadas, existen familias disfuncionales, millones de personas tienen carencias económicas y otras tantas  que están solas: ni enamoradas ni en pareja. 

El tema económico es fuente de preocupaciones. Hay que dar regalos, participar en intercambios y gastar en los típicos “detallitos quedabién” que ni acaban siendo tan “detallitos” ni te hacen quedar bien, pero te hacen gastar una fortuna. Además que los pequeños esperan que el niño Jesús, los Reyes Magos o Santa les entreguen algo de lo que escribieron en la carta. Si en cualquier temporada cuando el dinero no alcanza es motivo de angustia, en estos días escala a dimensiones insospechadas.

Las rupturas emocionales complican la temporada. Nos sentimos solos. No importa si la ruptura es reciente o si ya pasó un tiempo; la añoranza de la pareja crece en manera proporcional que la temperatura desciende. Los fantasmas del pasado, cual cuento de Dickens, se aparecen en los momentos menos oportunos. Aparecen recuerdos de otras épocas y el fantasma del pasado nos engaña mostrándonos únicamente lo bueno, mientras que el del presente está vestido con el traje de la soledad y el del futuro de incertidumbre.

Para quienes han sufrido la pérdida de un familiar, o no tienen una relación de armonía con sus parientes, estas fechas son dolorosas e insoportables. Es difícil pensar en felicidad cuando has perdido a tu padre o no hablas con tu madre o un hermano. El otro día una querida amiga norteña, quien perdió a su madre recientemente, comentaba que no sabía si quería ir a su casa en Navidad y aceptar su pérdida o quedarse aquí y pasar el día como cualquier otro y evitar pensar en la fecha y en la ausencia de su madre. ¿Cuántas personas no están en su situación? Mi solidaridad para ellas.

Además de acudir a un médico, si el caso de depresión navideña es grave, para sobrevivir a esta temporada, empecemos por abandonar la creencia de que las cosas deben ser de tal o cual manera y que la felicidad es solo para quienes tienen una vida idílica. Matthieu Ricard, el monje budista llamado El hombre más feliz del mundo, hace hincapié que es el altruismo (el pensar o hacer algo por otros) lo que nos hace sentir bien y nos da la verdadera felicidad.

Siguiendo a Ricard, podemos empezar a contar nuestras bendiciones a pesar de los momentos difíciles y liberarnos de expectativas y creencias limitantes sobre cómo debe ser la temporada y aprovechar para replanteamos si esta idea de Navidad no debería estar relacionada a temas espirituales (dar amor, amistad, apoyo), más que a temas materiales que nos están causando este dolor de cabeza.

 

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