Caleidoscopio

La trampa de la pobreza

La gran distancia entre un círculo vicioso  y un círculo virtuoso es de 180 grados. Algo así como la distancia entre el polo norte y el polo sur. Lo primero es dar vueltas alrededor de lo reprobable o inmoral, de lo débil o enfermizo; lo otro, lo virtuoso, es actuar con honestidad, ser discreto y hábil para mejorar, para crecer sin torceduras o defectos graves.

Así pasa con las personas, y con los países también.Las naciones que privilegian la virtud, por definición reprueban y castigan el vicio, o al revés, si se quiere, los países que fomentan el vicio, inhiben la virtud. Ahí se encuentran precisamente las claves del problema de la pobreza y ahí mismo se encuentran, también, las llaves para resolverla.

O se es una nación con un sistema predominantemente incluyente, o se es una nación con un sistema excluyente. Lo primero genera riqueza, pues está demostrado que la integración de los habitantes de un país, cada persona con sus propias capacidades, intelectuales, educativas o de recursos, bajo un mismo paradigma de buscar bienestar con igualdad, tendrá las mismas oportunidades que el resto, si bien algunos aprovecharán las cosas mejor que otros, por las circunstancias inherentes a la diversidad del ser humano.  

Lo segundo, sistemas excluyentes, por definición y por prueba de la historia, generan división, propician el acomodo de la población en una pirámide donde muy pocos están arriba del resto, extrayendo por su posición de fuerza la riqueza generada por los demás, para sí. Esto último es lo que llaman la trampa de la pobreza: estancamiento crónico de la economía y crecimiento desproporcionado de la riqueza de unos cuantos. 

¿Cómo se explica que cinco mexicanos detenten el 9% de la riqueza de un país de 120 millones de habitantes?  y que tan solo con el rendimiento de sus fortunas podrían emplear a 3 millones de personas con salario mínimo, que dicho sea de paso, no es el caso, pues si bien tienen empresas grandes y poderosas, solo llega su nomina a unos cuantos miles de empleados.

Es el caso nuestro, por desgracia. Así se demuestra en el estudio que Gerardo Esquivel publicó en www.Oxfammexico.org, al lanzar una campaña en contra de la desigualdad. Las conclusiones son terribles y delatan con crueldad el perfil de un país inequitativo e injusto, cuyo mal persiste al paso de los años sin que podamos tan solo empezar a resolverlo. 

Preocupante ¿no les parece? 


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