Caleidoscopio

¿Qué sigue?

El presidente anuncia al país la muerte de la gallina de los huevos de oro y lo hace como si fuese algo impersonal, fortuito, casi anecdótico. Lo que pasa es que tuvimos suerte, pero se acabó esa fiesta. Vamos viendo qué sigue, nos sugieren con una gran dosis de candidez.

Hay que ir a la esquina por más alcohol y viandas para que la fiesta se pueda reanudar y dar de comer y beber a los dioses de la política nacional. ¿Aparecerán más gallinas muertas en el futuro? Ahí está el turismo y el TLC.

Mientras brindamos cada año y cada sexenio los hipotéticos triunfos del gobierno y los dudosos aciertos de la clase dominante, a las afueras del palacio donde se celebran las festividades, luchan contra el hambre millones de mexicanos cuya pobreza es alimentaria, económica y social. Luchan también cientos de miles de pequeños empresarios y artesanos, junto a empresas medianas cuya subsistencia depende del humor del gobernante en turno, que por lo general tiene un carácter festivo, juguetón y displicente.

No podría ser de otra manera: les va muy bien económicamente y disfrutan del poder, manejando los recursos como propios, sin rendir cuentas, lo que los lleva a perder de vista la realidad del país, mientras los ciudadanos estamos envueltos y entretenidos en un circo de mil pistas, donde bailamos como animalitos al son de la música que se escapa por las ventanas. 

Se acabó Cantarel. Durante décadas fincamos nuestra economía en ese recurso. Se acabó la fábula del país inundado en el oro negro del petróleo. Se acabó el cuento de la soberanía energética y de la abundancia. Nunca la tuvimos. La fiesta se convirtió en borrachera y con ello llegaron las peleas entre los invitados al festín. Aparecen los destrozos.

Ahora hay que pagar los platos rotos.

El problema estriba en la actitud indiferente de los actores políticos y empresariales que junto a la apatía y pasividad de la sociedad para organizarse, conducen irremediablemente al país a comportarse como si siempre estuviéramos de fiesta.

Me pregunto si seguiremos siendo un pueblo tan permisivo como lo hemos sido.


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