Caleidoscopio

“El respeto a la droga ajena es la paz”

Acabo de tener la oportunidad de visitar por unos días a una familia en la ciudad de Los Ángeles,  California, y mi principal aprendizaje de ese viaje es haberme dado cuenta de la manera en que los norteamericanos resuelven sus retos: por la vía democrática, a través de preguntarle a la población qué quiere hacer respecto a un tema sensible, como lo fue la votación para aceptar o rechazar el uso libre de la mariguana, no sólo para usos medicinales sino también para uso lúdico.

El resultado fue mayoritariamente por el SÍ y como consecuencia de ello, todos, literalmente todos, aceptaron de inmediato el resultado. No hubo bloqueos, paros o manifestaciones violentas de los que votaron a favor del NO. Hubo civilidad, que significa, simple y sencillamente, aceptar la decisión de la mayoría.

Tomo el título de mi artículo de Enrique Berruga, diplomático de carrera, quién lo utilizó en una conferencia reciente, argumentando que es absurdo para nuestro país seguir invirtiendo dinero y pérdida de vidas en combatir y erradicar una cosecha cuyo destino es el vecino, quien ya legalizó su consumo en 27 estados de la unión americana. Bajo esa óptica, resultaría inteligente de parte nuestra dejar que sean ellos quienes, ahora sí, desmantelen los cárteles de la droga que pululan en Chicago, Miami, L.A., Nueva York y muchas otras ciudades y dejen de presionarnos para que seamos nosotros los que ataquemos la producción de la cannabis.

Esas deberían ser las implicaciones de la legalización de la mariguana en EUA, y de paso, valga decirlo, también debería de suceder la legalización en México, tan pronto nuestros “legisladores” se pongan las pilas.

Si nuestros vecinos quieren droga, dejemos que les llegue, sin que para nosotros el trasiego sea mortal y siga cobrando vidas a raudales. Al cabo su nueva y legal industria va a florecer y algún día serán autosuficientes y dejarán de comprarnos la yerba. Ya nos pasó con el petróleo. Seamos sensatos y más que eso, inteligentes.


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