Caleidoscopio

¿Qué está pasando en el mundo?

Lo de hoy, la actualidad más cruda del globo, se parece a lo que pasaba en la década de los treintas, cuando el mundo entero recibía mensajes como presagios de mal agüero, que anticipaban una conflagración bélica mundial. Lo que pasó ya lo sabemos: La Segunda Guerra Mundial. Más de cincuenta millones de muertos.

Hoy, aparece en la escena política de EUA y como consecuencia de ello, del mundo entero, un personaje peleonero o por lo menos provocador, que alimenta su discurso como lo hacía Adolfo Hitler, por cierto, electo democráticamente por el pueblo alemán, en base al odio y al racismo, como si volviéramos a revivir el sueño de la supuesta grandeza de la raza Aria, ahora encarnada, según Trump, por el pueblo norteamericano, en quien ve nuestro odiado personaje virtudes, inteligencia y nobleza, que no tenemos los mexicanos o los negros afroamericanos o los musulmanes, que según su particular óptica solo mostramos defectos, violencia, caos, pereza.

Hoy, aparece en la escena el ejército de la organización ISIS, Estado  Islámico, cuyo enclave territorial es Siria e Irak, pero su alcance terrorista es mundial y la amenaza de atentados, en cualquier ciudad del mundo, es probable que ocurra en cualquier momento, matando inocentes, como medio de llamar la atención para su causa.

Hoy, El Reino Unido se enfrenta a los resultados de un referéndum para que sus habitantes decidan si quieren seguir perteneciendo a la Unión Europea o se salen de ella. No es menor el dilema, pues una Europa desunida y fragmentada es presa fácil de los líderes mesiánicos y totalitarios que pueden surgir hoy, nuevamente, cómo surgió Hitler y Mussolini hace 80 años, que  catalizador el descontento de sus connacionales, llevándolos al despeñadero de la historia, precipicio que implica el suicidio colectivo por la vía de la guerra.

Trump encaja perfectamente en ese perfil: demagogo, manipulador de las masas ignorantes y ávidas de mostrar su enojo por lo mal que les ha ido, ignorante, bélico, sádico y racista, pero además, con serias posibilidades de ganar la presidencia del país más poderoso de la tierra.

Ante este panorama adverso, a los mexicanos solo nos queda fortalecernos internamente,  evitando seguir viéndonos solo al ombligo, iniciando un esfuerzo de refundación de nuestros afanes más caros, buscar tener un país sano, no corrupto, noble, no en permanente mal humor; tener un México positivo, incluyente, donde la riqueza del país y las oportunidades lleguen a todos y no sólo a unos cuantos. Eso nos vacunaría muy bien contra cualquier amenaza, venga de Trump o de quién sea.

 

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