Caleidoscopio

Entre dos mundos

La semana pasada comenté  sobre algunos recuerdos  de mi juventud,  en mi paso por tierras bajacalifornianas, allá por los años ochentas, y mencionaba  algunas particularidades acerca del pueblo de Calipatria, en California, y su monumental asta bandera. Ahora de regreso a mi país, después de viajar algunas semanas por el oeste americano y constatar su poderío, potencial económico, su grandeza material, su gran tecnología, la enorme variedad de su comercio, su ordenado pueblo, obediente y respetuoso de las leyes y reglamentos, reflexiono sobre su carácter sobrio, y lo atribuyo  al hecho de cargar sobre sus espaldas, por decenas de años, el peso de una sociedad muy sensible al respeto de los derechos de los demás, aun a costa de los propios, lo que moldea una personalidad colectiva, la de los norteamericanos,  algo sumisa, muy obediente y a veces demasiado fría y desentendida de los problemas sociales propios y más aun de los del mundo. Una sociedad callada, silenciosa, como lo son sus autopista tan bien hechas y terminadas que ni el ruido del vehículo en el que uno viaja se escucha.
Ahora regreso, decía, y lo primero que siento y percibo de manera instantánea, tan pronto cruzo la frontera de Nuevo México hacia mi país,  es el ruido de la carrocería del automóvil y del rodar de las llantas, provocado por una carretera no muy bien hecha, desigualmente compactada y con muchos pequeños baches que hay que esquivar para no dañar la suspensión. Llego a la gasolinera de nuestro querido monopolio Pemex y contrasta con las desiertas gasolineras americanas en donde no hay personal para atenderlo a uno y llenar el tanque de gasolina. No hay ni con quien platicar! Pero lo que sí se percibe como algo muy agradable de este lado del rio, es el carácter de la gente, amable, sonriente, en busca de servir y ganarse una pequeña propina, replicando lo que nos pasa en todo nuestro suelo y que consiste en prodigar un optimismo aun frente a la pobreza, una alegría de vivir y compartir algo con los demás, aun frente a lo accidentado de nuestra geografía y a lo lacerante de la pobreza que se observa alrededor y que es difícil ver en el vecino país.
México tiene futuro porque tiene historia y tiene recursos. Lo que nos falta es crecer, ser mas ordenados, exigentes con nosotros mismos, convertirnos en una sociedad exigente.


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