Caleidoscopio

Los cinco jinetes del éxito

Para competir con éxito en el mundo se necesitan recursos, no sólo materiales sino recursos intelectuales y técnicos. No se puede ganar una carrera en donde los jinetes monten caballos desnutridos y cansados. El resultado sería el desastre. Eso es lo que nos está pasando en el deporte como se ha evidenciado en estos últimos Juegos Olímpicos, pero también en la economía, como se acaba de comprobar con la baja calificación que nos asignan las agencias internacionales. También estamos reprobados en materia de desarrollo social. La pobreza terca, no cede.

Pero también hay que decirlo: no le ponemos remedio al asunto. Sabemos lo que hay que hacer para progresar, pero tal parece que NO queremos progresar.

Esos cinco jinetes son: educación, democracia, productividad, estado de derecho y competitividad.

Implica dejar de lado la política de control que tanto le gusta al estado, que otorga privilegios a unos cuantos, para sustituirla por la promoción de la economía, a través de otorgar fuertes  impulsos al creador de empleos y a las empresas que generen valor. Contar con un paradigma de sociedad incluyente, donde todos, si, todos, podamos emprender negocios o tareas según sus capacidades y donde el piso de las oportunidades sea parejo. Implica contar con un sistema de incentivos para premiar al que contribuye y cumple. Conlleva desarrollar capital humano. Premiar al que genera empleos, no cobrándole impuestos sobre la nómina, sino devolviéndole contribuciones si esta crece. Premiar al que educa y capacita.

Implica mejorar el sistema de rendición de cuentas. Tal acción facilitaría el cumplimiento de la ley como norma única e indiscutible. Dejar de negociar la ley. Eso elevaría la captación de mayores  impuestos y reduciría la evasión, al momento que el ciudadano perciba que sus impuestos se invierten en mejorar su calidad de vida.

Lopeores seguir viviendo al día, como hasta ahora. Así los problemas no se resuelven ni desaparecen, tan solo se posponen. Y es que, por desgracia, no se reconocen los desafíos, los ignoramos olímpicamente. Démosle vuelta a la hoja del desastre y hagamos algo bueno por México. Cada uno de nosotros puede hacer mucho en su muy personal ámbito de acción.


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