Caleidoscopio

De la indiferencia al optimismo

El avance de un pueblo en la consecución de sus anhelos, pasa por la aduana de la participación ciudadana de todos, y no por el infierno de la indiferencia, de muchos, que prefieren entretenimiento y distracción, aunque sea a costa de la miseria de los demás.Al escribir este artículo todavía no se conoce el desenlace de las deliberaciones del Pleno de la Cámara de Diputados respecto a la Ley Anticorrupción. Deseo fervientemente que gane la razón y la inteligencia. Que gane el interés de la mayoría y no los intereses de unos cuantos, como frecuentemente ha sucedido. Deseo que por primera vez en muchas décadas se alimente el optimismo de la gente por parte de nuestros legisladores y que con hechos nos demuestren que quieren a México, más que a si mismos. Sé que es difícil legislar en contra de los privilegios que tiene la clase política por sobre los demás mexicanos, pero en el curso de la historia universal se dan casos en que la luz sobresale con su fuerza radiante, opacando y eventualmente haciendo desaparecer la obscuridad de las tinieblas. Son los momentos en que la indiferencia da el paso al optimismo y eso es lo que México requiere en este momento: hoy podría ser el parteaguas  de la nueva historia de la nación. Hoy se podrían reivindicar  todos los políticos que siendo omisos respecto a su deber, pueden de golpe, retrotraer el destino lúgubre en el que nos encontramos, por un destino más generoso con los hijos  de la patria.Hoy me siento optimista. Y si ayer me preguntaba cómo le hago para lograrlo sin tener que acudir a Sanborn’s a comprar un libro sobre el tema, como me sugería mi sobrino, le dejo la tarea al destino que todos queremos y que de una forma u otra tendremos que acreditar que merecemos. Lo digo porque el optimismo auténtico es un estado de ánimo que se alcanza de manera natural, espontánea y libre de prejuicios.Evitemos que la sociedad mexicana se aleje del reconocimiento de sus problemas. Evitemos que se esconda  en la terrible postura de no ver, no oír, no escuchar. Evitemos el ejercicio de la indiferencia y adoptemos el optimismo como divisa nacional. Vale la pena intentarlo.Nos va a convenir. 


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