Caleidoscopio

Los humores de la gobernanza

En México nos da muy seguido por adoptar y adaptar formas de funcionamiento corporativo o gubernamental que aplican otros países con mucho éxito; tal es el caso de los “Consejos” consultivos o no, “Comisiones” ejecutivas o no, “mesas de trabajo” y demás variantes que el ingenio mexicano nos provee, a raudales, como una manera de hacer como que funcionamos y deliberamos sobre los temas de una agenda, sea local, estatal o nacional. El afán legítimo de las autoridades, por ejemplo, de trasladar ciertas prerrogativas de decisión a la sociedad organizada, deriva por lo general en la constitución de estos “Consejos”  o “Comisiones” cuyos miembros son nombrados de manera unilateral, pero que de algún modo representan a las  “fuerzas vivas” de la ciudad o son personajes con algún merito reconocido  por las autoridades en turno y que  el Estado confía lo ayuden a tomar decisiones o ejercer la gobernanza, que tan de moda está en estos tiempo. Uno de los obstáculos para lograr su buen desempeño, aparte de la tendencia que tenemos como sociedad y gobierno a ejercitar la simulación,  que nos estorba mucho, dicho sea de paso, estriba en que no poseemos como personas la formación ni la cultura para analizar, discutir, dirimir asuntos y lograr acuerdos por mayoría, en un ambiente de reuniones que deben de ser organizadas bajo criterios de profesionalismo y reglas claras y entendibles, que sean respetadas por todos. Estas reglas, condición indispensable,  incluyen tener por sentado una agenda de reuniones con fechas seleccionadas por anticipado, inamovibles aun si faltase quien preside dichos “Consejos”, un orden del día cuya observancia sea respetada por todos los participantes, empezando por los dirigentes o las cabezas; y por sobre todo , el ejercicio y la práctica de un diálogo en donde participen todos los miembros y emitan su opinión de manera libre, respetando a cada quien su turno para exponer ideas o conceptos.Celebro que la administración municipal esté a favor de la gobernanza, pero debe prestar atención a la manera como funciona, y observar si en la practica campea la ligereza o la frivolidad, que a veces nos gusta manejar, pues solo usamos dichos organismos para que un grupo determinado  se apropie de ellos para lograr sus fines, dejando a un lado el objetivo de representación, como ha sucedido con frecuencia en nuestra ciudad.  


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