Caleidoscopio

Contra el cáncer, la amistad

Ni duda cabe que las enfermedades provocadas por tumores malignos son como un fantasma que recorre ciudades enteras, como si fuera uno de los jinetes del Apocalipsis, haciendo estragos en quienes padecen estos males y entre sus seres cercanos, que sufren por el dolor del ser querido.


Dicen los que saben que las causas del cáncer nadie las puede anticipar; están ligadas a la alimentación de cada quien, pues una dieta alta en grasas y ácidos favorece las condiciones para contraerlo y no así para quien su dieta es rica en alimentos alcalinos. También se afirma que el estrés es el culpable de estos padecimientos. Sea uno o lo otro, todos estamos propensos a ello.


Es el caso de mi muy querido amigo Héctor López, a quien estoy visitando para acompañarlo y poder compartir con él, una vez más, las innumerables charlas que a lo largo de casi 50 años de amistad hemos tenido, siempre constructivas, siempre exploratorias del misterio del ser humano, siempre enfocadas en la problemática social de México, sin olvidar escudriñar en el “real polítik” de la patria nuestra, y siempre interesadas en profundizar sobre los vericuetos del alma.


Héctor ha sido y sigue siendo un excelente conversador: se le da el genio de la espontaneidad, de la ocurrencia, del manejo de los gestos y los desfigures del cuerpo. Su prestancia para con uno es notoria, su atractivo para muchos es como un imán pues platicar con él es divertimiento y juego, sin dejar de ser profundo, hasta lograr el difícil arte de combinar lo lúdico y lo trascendente.


Tengo en mi mente al escribir esta crónica otras experiencia cercanas como la de mi hermano Javier, que con tesón y la ayuda de su esposa erradicó sus males; o la de mi madre quien a los 92 luchó hasta el final como lo que era, una gran mujer; o la de mi querido primo Macus, quien le va a todas en su muy legítimo afán de recuperar su salud.


Como todo en esta vida, supongo que al cáncer se le combate con entereza, ánimo y serenidad. Pienso que se le combate también con la amistad y con la certeza de que el enfermo puede sanar si su alma está libre de malos presagios, y, por contra, llena de amigos verdaderos. Va este artículo para ellos, en especial para mi amigo  Héctor López.


federicoramos@prodigy.net.mx