Caleidoscopio

El camino olvidado de los oficios

Llama la atención la abrumadora cantidad de anuncios sobre el “nuevo” modelo educativo, prometiendo que nuestros niños y adolescentes estarán, ahora sí, “listos” para competir con el mundo.

Lo que no se ve por ningún lado son los programas para fomentar el autoempleo mediante la enseñanza de artes y oficios, antaño promovidos por el Estado y que fueron sustituidos poco a poco por el modelo actual, que ignora el potencial del mexicano para trabajar con sus manos, y por contra, pone énfasis en la escolaridad, pero no en el rumbo para millones de personas que podrían autoemplearse, si dominaran un oficio.Dice Gabriel Zaid que “la inteligencia de las manos favorece el desarrollo social  y personal”.

Lo realista para México, continúa Zaid, sería educar para el autoempleo y para ello hace falta instalar miles de escuelas de artes y oficios que no las hay en este momento, ofrecer microcréditos y  lograr que  la burocracia no imponga trabas.

Muchos nos podríamos haber dedicado desde jóvenes a explotar una vocación de trabajar un  oficio o un arte, de haber existido las condiciones para dedicarse a ello. Ejemplos, empezando por el mío, que la vida me llevó a emigrar al D.F. en busca de mi formación, que bien pudo haber sido de artista plástico desde mi juventud, en lugar de haber empezado con algo que me apasiona, ya un poco tarde.

Conozco otras personas que al final descubren su pasión por algún oficio, después de haber hecho por años otras cosas. Tal es el caso de mi amigo Alfredo Garza, cuya dedicación al arte de la joyería es evidente, a diferencia de su hija Brenda quien empieza mucho más joven que él, por el mismo rumbo, pero que le da una clara ventaja.

O el caso de mi primo Gabo, quien vibra de emoción cuando habla de su pasión: la escultura en madera. Hay ejemplos de éxito artesanal muy interesantes, no sólo en el diseño o la creación original, sino en lo económico también.

Es el caso de Pineda Covalin, en ropa de lujo, con marcado sabor a mexicanidad o el del Cluster de la Plata, aquí en Torreón. Todos son esfuerzos privados, donde el apoyo público no aparece por ningún lado. 


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