Caleidoscopio

“Una luz que brilla en lugar de túneles” Experiencias que valen la pena: “Encounter”

La tierra del Chapo, Sinaloa, no presenta solo la cara negativa por la presencia del cartel que dirige tan conspicuo personaje, hoy de moda, sino que, por el contrario, es tierra de grandes logros en agricultura y agroindustria y alberga en su seno grandes personajes del arte y la cultura, no se diga de empresarios brillantes y destacados, por el impulso de negocios que trascienden fronteras, como es el caso de Agustín Coppel, quien promueve obras comunitarias de tal envergadura como el Jardín Botánico de Culiacán, espacio público de alrededor de 10 hectáreas cuya misión es conservar la biodiversidad en el ámbito científico, horticultural y educativo, procurando la operación de espacios verdes que trasformen actitudes y conciencias para el bien común.


No solo es eso sino mucho más, pues es un recinto de primer mundo donde convergen la botánica, el arte contemporáneo y la arquitectura. Sin duda es el jardín botánico más importante de Latinoamérica y uno de los mejores del mundo.


El descubrimiento de su riqueza aflora materialmente de entre los árboles, la yerba y los pastos, palmeras y especies botánicas raras que abundan, pero nada comparable con la vivencia de visitar el “Encounter”, obra desarrollada por el artista plástico James Turrell y que consiste en un espacio de contemplación de la bóveda celeste, introspección y reflexión, en donde se busca que el arte se convierta en un aliado que ayude al visitante a generar una nueva mirada, una reflexión y una conexión con el espacio en el que se encuentra. La experiencia se logra visitando “Encounter” ya sea en el atardecer o al amanecer, ya que estando el visitante al interior del recinto podrá asomarse a admirar el cielo que cambia de color por el efecto de la llegada de la luz al amanecer o de la salida al oscurecer, combinado con un magistral juego de luces leds proyectadas sobre el techo de la instalación, de tal forma que el espectador irá descubriendo una sinfonía de colores que se proyectan hacia la bóveda celeste, al escaparse esas luces cambiantes por el óculo que se encuentra en el centro del techo, asemejando un  ojo humano que llora tintas amarillas, azul cerúleo o azul plumbago, rojos, morados y verdesclaros en intensos, conforme cambia la intensidad de la iluminación, magistralmente resuelta para generar una experiencia única, un tanto inexplicable para el visitante pues solo se entiende y se goza hasta que uno se encara con el mismísimo cielo y acepta el ojo transportarnos a presenciar una original sinfonía de colores. Si viajas por la ruta del Pacifico, no dejes de visitarlo. ¡No te arrepentirás!


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