Caleidoscopio

El año que viene

A punto de finalizar este difícil 2016, de luces y sombras, debo dar las gracias a mis lectores por sus comentarios, críticas y opiniones de muy diversa índole, pero que de muchas maneras iluminan mi entendimiento para ofrecerles, semana a semana, mi interpretación de la vida y de los acontecimientos de este nuestro atribulado país. 

Les deseo lo mejor para 2017, deseando que sea un año de esperanza para nuestro país, a pesar de los nubarrones que se ciernen sobre nosotros y que crezcamos no sólo en lo económico, sino como sociedad y como personas. Que termine la abulia y la apatía respecto a nuestros problemas, que dejemos de ser permisivos, autocomplacientes y mediocres. 

Tal vez sea mucho pedir que seamos capaces de generar un nuevo paradigma como nación, que privilegie el trabajo sobre la flojera, la reflexión sobre la actitud facilona y conformista. Que lo trivial, como pasó con el cumpleaños de una quinceañera en algún rincón de este México trágicamente mágico, no ocupe ni un minuto de nuestro tiempo y mucho menos sirva para alimentar el amarillismo de las redes sociales, que por lo visto aquí no sirven para defendernos de los malos gobiernos ni para protestar unidos contra las malas prácticas de los políticos mentirosos. Que en 2017 pongamos en primer plano el interés colectivo y no el interés individual. Que sepamos inculcar en nuestros hijos la práctica de los valores como el trabajo, la lealtad y la amistad, o la solidaridad entre todos. 

Que los enseñemos a combatir la soberbia y la envidia y que pongamos en el horizonte de todos ellos metas que nos lleven a ser un mejor país y no uno mediocre; que nuestras acciones nos lleven a exigirnos ser un pueblo que en la estadística mundial de salud, bienestar y seguridad, estemos en los primeros de la lista y no en los últimos, como sucede hasta ahora.

De no hacerlo, nuestros hijos y nietos nos reclamarán no haber puesto las bases del cambio que tanto necesitamos.


federicoramos@prodigy.net.mx