Caleidoscopio

Antes y ahora: el futuro

Las ciudades de hoy, aldeas globales, por aquello de que compiten entre sí, no solo las de un país sino entre las de todo el mundo, tienen por fuerza que encontrar su vocación para los próximos cien años: sí, no exagero, si es que quieren competir y ganar lo que en términos lisos y llanos se llama prosperidad.
Ahora debemos de imaginar un Torreón diferente al que nos legaron nuestros padres, que si bien lucharon contra el desierto, materialmente hablando, y lo vencieron, hoy, la lucha no es contra el clima adverso o la sequía, ni siquiera contra las tolvaneras, que antaño se repetían como olas de un mar ocre, que conforme avanzaba de fuera hacia adentro de la ciudad,  se tornaban café obscuro y terminaban en un negro chocolate que de verdad asustaba a muchos.
Ya no. Hoy, la lucha de los que aquí vivimos se tiene que dar en otros términos, en otros campos, con otras armas, contra otros enemigos. El reto es monumental e implica compromiso de todos y de las partes, pues la contienda demanda inventiva y creatividad, demanda coraje y voluntad, demanda trabajo y dedicación, demanda inversión y gasto, ¡demanda carácter!
Pero he ahí que a los laguneros torreonenses nos sobra corazón y nos sobra entrega, pues sabemos actuar con largueza en bien del prójimo y es precisamente en la ciudad que nos vio nacer o que nos acogió en algún momento de nuestras vidas, donde hay que actuar.
Unos gobernados con honestidad y con prudencia, viendo por el bien de las mayorías, otros invirtiendo en proyectos rentables, pero útiles a la sociedad, creando infraestructura urbana o rural; algunos aportando ideas creativas para nuevos negocios que sirvan de bandeja de plata a los miles de emprendedores jóvenes que seguro hay en nuestra comunidad y que tal vez estén escondidos en la penumbra de la noche negra que ha sido la sequia de inversiones en el área.
Démonos cuenta que el enemigo a vencer es el desánimo,  la abulia, la apatía, la inoperancia o la esclerosis que a veces paraliza a cualquier comunidad, pues en sus venas ya no corre la sangre hirviendo sino el líquido de atole que invade las articulaciones. Luchemos de cara al porvenir, hagámoslo por nuestros hijos, por nuestra pareja, por los que nos rodean. Hagámoslo.
Enfrentemos el éxito, no lo dejemos pasar.


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