Caleidoscopio

Viajar en la Semana Santa

Siempre es una experiencia muy rentable para el ser humano el viajar, ya sea por avión, por tren  o por tierra, a un destino remoto o  algún lugar cercano.

En todos los casos, la constante es el descubrimiento de nuevas cosas, ideas, vivencias que aguardaban por ahí a que uno llegará y tomase la iniciativa de vivir la vida con entusiasmo, de frente, retando la imaginación para descubrir historias de todo tipo, épocas de muy diverso color, revivir momentos patrios cruciales para la vida de la republica, disfrutar de la comida local, de los olores del mercado, de la naturaleza y carácter de los anfitriones, de las comodidades o dificultades que a un tipo como yo, setentón, le causan las subidas y las bajadas de las calles, tan solo para poder llegar a visitar un museo, un sitio famoso, una mina, un cerro, una plaza,  o que sé yo, tantas cosas que hay en una ciudad como Zacatecas o como San Luis Potosí, lugares que en compañía de mi hijo Gerardo recorrí palmo a palmo. 

Todo eso y mucho más, cabe en un viaje de unos cuantos días y mi experiencia es muy positiva, pues encontré cosas que no me esperaba. Por ejemplo: Zacatecas es una ciudad organizada para el deleite del turista. Todo gira alrededor de el.

Excelente señalización, estacionamientos abundantes  que a pesar de la dificultad para manejar por calles y callejones, se las han ingeniado para invitar al turista a que entre a su Centro y recorra cuadra por cuadra las maravillas que ofrece al visitante: Su Catedral, El Museo Felgueres, Los Museos de Pedro y Rafael Coronel, la Mina del Edén, El Teleférico, El Teatro Calderón y tantas otras reliquias. Y tan solo a 200 kilómetros al sur, la ciudad de San Luis Potosí, verdadera joya de la Colonia, que ofrece al visitante su Teatro de la Paz, El Templo de Nuestra Señora del Carmen, el edificio de la Inquisición, la Plaza de los Fundadores, todos ello sitios de incalculable valor arquitectónico, además de su emblemática Penitenciaria, por donde pasaron los afanes revolucionarios de Don Francisco I. Madero, quien de ahí sale justo para iniciar la gesta libertaria y que ahora para honrar su memoria, se transforma dicha cárcel en el gran Centro Cultural y de las Artes Potosino, recinto promotor del arte y de la cultura en general.

Que maravillo ejemplo de lo que puede hacer un pueblo con su historia, a través de resaltar los valores de su ciudad. Que bueno que podamos apren-der de los viajes y compartir esas experiencias con ustedes, amigos lectores. Sigamos su ejemplo. 


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