Caleidoscopio

“El Veliz de Papá”

Que manera tan padre de evocar el pasado de nuestra niñez, y la adolescencia nos brindó mi querido hermano Enrique la semana pasada, justo en la presentación de su libro El Veliz de Papá.  

Y no solo eso,  también congregó a un titipuchal de gente en el Salón Javier, contiguo al templo de San José, ambos sitios testigos de nuestro paso por la “Carlos Pereyra” y la obligada asistencia a largas sesiones de “ejercicios espirituales” así como las innumerables misas de viernes primero, a donde recibir la Comunión de parte del Padre Campos o de algún otro sacerdote jesuita como el padre Ochoa, era un privilegio.

Ahí, en el Salón Javier nos reunimos más de doscientas  personas de todas los estratos sociales y muchos barrios y colonias de la ciudad: San Isidro, la colonia Los Ángeles, la Plaza Kennedy, Torreón Jardín, el Centro, la Alameda, con amigos de toda una vida, de tiempos remotos, sin duda, pero que sirven para revivir un pasado lleno de nostalgia y que nos da la oportunidad de valorar cual si fuera una catarsis lo que tenemos y lo que nos falta, o tal vez la oportunidad de “empatar” los anhelos de nuestros padres con los nuestros, que han cambiado con el paso del tiempo y que inexorablemente reflejan, como luz en un espejo, los problemas de hoy: inseguridad, incertidumbre respecto al futuro, desempleo y tantos otros retos que contrastan con los del pasado, en cuyo transitar rutinario no existía el miedo por la inseguridad y viajar al ejido la Concha, donde hoy se asienta el Estadio TSM, era un viaje lejano, remoto, casi como ir de picnic a un sitio fuera de nuestro alcance.

Hoy, ir al TSM es como ir antaño al centro de la ciudad.  

Lo que pasa, entiendo yo, es que el Torreón de aquellos años dista mucho de ser lo que es ahora, con su inseguridad y sus distancias, con apremios económicos y sociales y con la mira puesta en lo inmediato más que en el porvenir.

No necesariamente todo tiempo pasado fue mejor ni el futuro es tan negro como parece. Está en nuestras mentes configurar un futuro paranuestros  hijos  tal como lo imaginaron nuestro padres. Ellos también pasaron ratos difíciles y angustiosos, pero nunca dejaron de tener una visión sobre su futuro: terruño e historia, juntos, son fuente de energía para buscar el progreso que merecemos todos. 


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