Caleidoscopio

“Tiempo para cargar pilas”

Siempre decimos que la muerte es lo único cierto, inevitable; pero también lo es el tiempo, ese fenómeno singular que haciéndose  presente en nuestras vidas de manera cotidiana, rige nuestro camino para un lado o para el otro, sin descanso, sin tregua, sin escalas, sin demora, al paso firme e inalterable de los segundos y minutos, que se convierten en horas  y luego en días, para acumularse en meses y años, que se sintetizan, sin más, agregando rayitas negras al calendario de nuestras vidas y acumulando onomásticos en la tabla de los números, que un día nos señala el término  de la pubertad, y luego, el de la juventud, y así, paso a paso, cumpliendo el designio fatal del tiempo que no se detiene por nada del mundo. Lo que sí es que en este camino, para un lado o para el otro, a velocidades diferentes cada quien, se necesita harto combustible para caminar,  trotar o correr, dependiendo del espíritu y del cuerpo, ahora débil, ahora fuerte, que condiciona el paso. Y así, sin remedio, sin opción, la máquina humana necesita recargar las pilas para poder seguir adelante. Si no se hace se desfallece, la máquina se detiene y se descompone. Pero aun con los rastros del esfuerzo y del desgaste por el uso del tiempo inexorable, uno se detiene y voltea a su alrededor para ver el panorama, tal vez echarle un ojo al horizonte o de plano voltear atrás y visualizar la película de nuestro pasado inmediato. A eso le llamo yo el período de recarga de pilas. Implica llenar de nueva cuenta con kilos de renovada energía el bote de nuestra humanidad, y, con ello, comprar nuevos espacios, nuevos tiempos, esperanzas para un futuro mejor. Eso es diciembre y su navidad y su fin de año; eso son las posadas y el puente de Guadalupe Reyes, sin dejar de gozar, sentir, palpar, el fervor del pueblo por su virgen, por la Guadalupana, que inyecta kilos de criptonita al alma del mexicano. Hoy, viernes guadalupano, seamos creyentes o no, recarguemos las pilas para buscar sin descanso un México mejor, más justo. No nos detengamos para nada, pues el tiempo en su inexorable tránsito está de nuestro lado, para los que queremos el progreso y amamos la libertad. No lo perdamos de vista. No lo desperdiciemos. 


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