Caleidoscopio

El Tiempo: Para Nicolás Zarzar, mi amigo

El tiempo corre inexorable. Nada ni nadie lo para; ni los más vehementes ruegos lo detienen. Viene a cuento este comentario porque sin sentirlo, el tiempo avanza y cuando menos pensamos ya está por terminar el tercer tercio del periodo: un año más de nuestras vidas, un año más del devenir histórico del acontecer nacional, regional y local. El tiempo es un recurso muy valioso, sin duda, pero el gran problema es que NO es un recurso renovable, y, a veces, ni siquiera lo usamos inteligentemente, pues olvidamos que es un recurso muy preciado y que, para acabarla de amolar, se gasta, se consume, sin contar con la posibilidad de reponerlo como hacemos con la comida, el vestido y tantas otras cosas que siendo renovables, las cuidamos más que al tiempo, como si valiesen el doble o el triple.Decía Cervantes en un pasaje de El Quijote: “confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”. Implica que para confiar, el individuo esté consciente del valor del tiempo, lo conscienta y lo apapache, cual si fuera un regalo, que lo es de los dioses, de la madre naturaleza, pues. Cuidemos, entonces, este regalo y reflexionemos en la trascendencia de cada minuto que pasa, de cada hora y de cada día, cual si fuese el último de nuestra vida, y no por ello, sino más bien a causa de ello, apliquemos la receta de la esperanza que es el ungüento de los bien nacidos, y confiemos.El tiempo es impersonal, es invisible, es inoloro e incoloro y por más que lo etiquetemos como algo sin sabor, siempre será maravilloso para los espíritus positivos, para los que creemos que algo tenemos que hacer en esta vida, que estamos aquí para algo, para cumplir una misión, para trascender, más allá de creencias o filosofías, más allá del dinero, mucho o poco, y más allá de los afectos, reales o imaginarios.El tiempo que realmente importa, por lo tanto, es el futuro, que como decía Víctor  Hugo, tiene muchos nombres. Para los débiles, es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes, es la oportunidad. Y agrego para mis amigos: Es la oportunidad de vivir de cara al sol, de frente la mirada en el firmamento, como si quisiéramos dibujar el paisaje de la vida, con los colores de la vida, con los pinceles que la misma vida nos dio, con los pinceles del alma. 


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