Caleidoscopio

Seguimos igual

Ya no somos un país petrolero, a pesar de que seguimos celebrando la expropiación petrolera de marzo de 1938, como si fuese ayer; como si el petróleo fuera el motor de México, que lo ha sido, pero del gobierno, de la alta burocracia, del sindicato y de los proveedores consentidos, que es otra cosa muy diferente.

Sí bien tenemos reservas del crudo para algunos años más, es obvio que el destino nos alcanzó por la vía del hartazgo de no hacer lo que un país inteligente debe de hacer: vivir sin simulaciones, sin engaños, con sentido de previsión, pensando en el futuro de largo plazo, en el futuro de los nietos, que les llamamos pomposamente  “nuevas generaciones”.

Pero, no, sólo pensamos en el presente, y es que “el pensamos” se aplica no a la tarea colectiva de construir propuestas y tomar decisiones en beneficio de la mayoría, sino que “el pensamos” se refiere a que los que “piensan”, es un decir, son los gobernantes, que no tienen la mira puesta en el futuro de nuestros hijos, sino en su futuro. Y da la casualidad que el futuro de los políticos se mide por trienios y sexenios, por elecciones, por mandatos de gobierno,  y no por la búsqueda del bienestar social ahora, mañana y en los meses  y años por venir. Eso es otra cosa: no está en el ADN de los gobernantes pensar como estadistas.

Pero el caso es que los dogmas del propio gobierno, la soberanía, la independencia, el culto al manto sagrado de un recurso no renovable, que por definición es finito, la falsa promesa del bienestar colectivo, la espera impaciente por asistir al día de la coronación de todos los anhelos del pueblo bueno, irremediablemente chocan con la terca realidad que el gobierno no puede modificar por decreto, aunque lo quisiera,  y choca nuevamente como en aparatoso accidente vial donde el vehículo del destino de los mexicanos sufre casi pérdida total, y ya no hay seguros que nos cubran las contingencias que puede traer el desastre.

Debido a eso que llamamos corrupción y que retroalimentan los engranajes de un sistema caduco, disfuncional, mantenemos en la pobreza a la mitad de los mexicanos, claro, con la promesa de irlos sacando de su miseria, a base de apoyos asistenciales que mitigan un poco su pena, pero que desgraciadamente no crean empleos. Seguimos igual.


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