Caleidoscopio

Rumania, Alemania y México

Después de dos semanas en Rumania me toca el turno de volver a su capital: Bucarest.  Se parece mucho al Distrito Federal en ciertas zonas y recorriendo sus calles, por momentos me parece que ando caminando por la colonia Roma, o la Doctores. Mi experiencia es que pronto Rumania será un país con mayor visibilidad en el plano internacional; están construyendo su camino al progreso de manera consistente y tienen como ventaja que su pueblo es disciplinado, trabajador y han llevado sobre sus espaldas una historia de invasiones, guerras y dictaduras, que ahora aprecian de manera muy fuerte el espíritu de cooperación y solidaridad entre ellos. Sí, hay clases sociales, ricos algunos, tal vez muchos, pero pocos pobres y casi nadie sin empleo.Sin embargo, Rumania no es Alemania. Mi viaje continúa hacia tierras teutonas, lo que me permite apreciar las diferencias entre los países: Alemania respira progreso, abundancia y modernidad por los poros. Su tejido social es tan parejo, tan equilibrado y sin mostrar siquiera diferencias entre sus pobladores. Todos, tal vez salvo unos cuantos privilegiados, usan a diario el “Tram”,  el Metro o el eficiente y puntual sistema de autobuses, que te llevan a cualquier parte de la ciudad, mediante el uso de tarjetas de prepago, bastante baratas considerando su ingreso per cápita tan elevado. Asombra la sincronización y el orden de una sociedad que sabe con absoluta certeza, que si en el poste de la esquina donde hay una “parada” dice que el camión número 100 llega a  en 3 minutos es por que así será. Todo mundo puede además consultar dichos horarios en su celular. Son un pueblo orgulloso, de carácter fuerte y parece que las nuevas generaciones han aprendido de la historia las terribles lecciones de la guerra y del holocausto, pues miran con recelo y aun con vergüenza su pasado nacional socialista.Regreso a mi querido terruño,  a Torreón,  y será por la nostalgia que produce el alejamiento por un largo viaje, pero se siente de inmediato el gozo y la alegría del regreso. Encontrar a mi gente, sentir lo cálido de las personas, adivinar la ingenuidad que nos encubre, es un placer tan especial que de inmediato siento orgullo de ser mexicano y recuerdo que no somos grandes, ni poderosos, ni ricos como Alemania, ni tenemos la tranquilidad y pleno empleo de Rumania, pero tenemos Patria y tenemos historia y por suerte aquí nos tocó vivir para hacer que este país sea mejor en el futuro. 


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