Caleidoscopio

“La República de nuestra indiferencia”

Tomo este encabezado de un artículo escrito en días pasados por Juan E. Pardinas, en el que nos recuerda que “la desmemoria nos será útil para sobrellevar el día, mientras la pesadilla no toque a nuestra puerta”. Sí, desgraciadamente solo cuando la muerte asoma a nuestra morada, cuando llega a tocar lo más sagrado que tenemos: los hijos y otros seres queridos, nos sentimos agraviados y en nuestra desesperación actuamos, exigimos, y tocamos las puertas del gobierno, nos acercamos a las ONG, nos solidarizamos con otras personas que comparten el mismo dolor, pero es que, decimos angustiados, debilitados por el drama,  se trata de nuestro hijo o de nuestro padre o del cónyuge,  y tal categoría nos pone contra la pared.  El resto, a los que por fortuna la tragedia no nos ha envuelto en su negro manto, permanecemos pasivos, indiferentes, como sobrellevando el día. Pero hay que decirlo, mal haríamos en caer en un estado de ánimo donde ya nada nos conmueve o nos preocupa. Mal haríamos en volver cotidiana la apología de nuestros males y desgracias, y no hacer nada al respecto. El caso es que hay por todos lados señales de debilidad institucional, lo dice el mismo Presidente Peña Nieto, y por ello, los ciudadanos requerimos  de mucha fuerza, como cuando el enfermo se sabe y se siente en la cuerda floja, pero no cede su alma ni su corazón al contrario, al enemigo, que es la mismísima muerte, y lucha sin cesar, sin dar tregua y sin pensar en la derrota. Los problemas de la república se apilan. Hay que aceptarlo.Esto se traduce en corrupción e impunidad. Lo sabemos de sobra. La encrucijada para nosotros los mexicanos es construir algo nuevo. No arreglar lo que ya no funciona, que ha sido el accionar típico del gobierno: intentar solucionar los problemas uno por uno, y a veces, sin resolverlos, apostarle al olvido de la ciudadanía que se escandalizará hasta que llegue el siguiente evento envuelto en una nueva tragedia.Prefiero que intentemos, todos,  crear una nueva realidad: no preservar el estatus existente. ¡Actuemos!  Y no esperemos para reaccionar cuando la tragedia toque a nuestra puerta.  


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