Caleidoscopio

Pasaron las elecciones ¿Y ahora, qué?

El sentimiento que tengo respecto a la jornada electoral del domingo pasado es ambivalente, no solo en el sentido de que percibo valores distintos yse puede interpretar el evento de diversas maneras.

Eso está bien. Simplemente denota que el país muestra un perfil diverso, universal, de tal variación y colores su manifestación, ante las urnas, que en un sitio, digamos Nuevo León, gana la elección un independiente, hoy conocido nacional e internacionalmente como “El Bronco”, apodo cuya connotación principal en México, bronco es precisamente eso: un individuo reacio a acatar las conductas más serviles o a comportarse como dócil ante el grupo, perfil que dicho sea de paso, no se acomoda bien con la definición de un pueblo que más que todo ha sido tolerante y complaciente ante los políticos. Ya veremos qué clase de “bronco” es y qué lecciones nos depara el futuro como consecuencia de su asunción al poder.

También se observan municipios como San Pedro Garza García, cuyo electorado salió a votar en masa, acudiendo a expresar su decisión más del 70%, y otros, en Chiapas, Oaxaca, o inclusive Coahuila, en donde solo salieron a votar 4 de cada 10 electores.

Se demuestra con creces que la ciudadanía sí puede cambiar el sentido de las cosas y premiar o castigar a los políticos de cualquier partido a su elección. Pero, falta en la ecuación salir a votar copiosamente, de otra forma gana el abstencionismo, y con el, de la mano, la partidocracia que no quiere cambiar las cosas.

Percibo, sin embargo, que el mandato ciudadano requiere complementarse con acciones legislativas que deberán de venir.  Fortalecer al que quiera competir, aun sin tener partido. El ejemplo del “Bronco” en N.L. y de Manuel J. Clouthier en Sinaloa, deben de cundir.

Eliminar la absurda, engorrosa y nada útil catarata de spots televisivos y radiofónicos, que solo sirvieron para demostrar que actúan en contra de los propios contendientes.

Liberar la arena del combate es menester, para así permitirle a los ciudadanos ver quien es quien, y no fundir bajo el manto de una densa nube negra de mansajes idiotas e hipócritas a los que compiten. Hay que eliminar el fuero, y con ello, introducir el sentimiento de que político que se atreva a participar en política, es porque no tiene miedo a que sea pillado en tropelías, porque seguramente no las ha cometido, y no como ahora, cuyo fuero es manto protector de muchos pillos. Hay que legislar para evitar a los chapulines.

No se debe poder abandonar un cargo para saltar a otro, antes de cumplir cabalmente con el encargo para el que fue elegido. Hay que modernizar a México.

Hacerlo más viable, más lógico, más sencillo. Quitémosle lo barroco, lo caduco, lo inexplicablemente surrealista del sistema, que no cobija a los buenos y sí estimula muchas conductas indeseables. 

Que bueno que votamos. 


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