Caleidoscopio

El Origen de la Corrupción

Hace unos días se presentó el presidente de la república en un programa de televisión donde varios periodistas reconocidos le hacían preguntas, al parecer sin una agenda previamente acordada, sino más bien libre y bajo un ambiente de aparente espontaneidad. A mi juicio, el desarrollo de la entrevista tuvo sus altas y bajas, un tanto bajo la tradicional postura de un mandatario que contesta a sus anchas y con largueza a las preguntas que se le formulan, dando pié para el lucimiento. Sin embargo, en esta ocasión algo fue diferente, y con ello quiero decir que no obstante el carisma natural de EPN, este se vio “acorralado” en un par de veces por León Krausse, quien trajo a la mesa el asunto de la corrupción como seria amenaza que se cierne sobre las aplicación de las reformas, retando al presidente a contestar como le haría para garantizar que no acabásemos con un puñado más de nuevos empresarios ricos, como suele suceder. La respuesta del mandatario fue muy general y poco convincente, al decir que en todos los países hay corrupción y que esta es más bien un asunto de “cultura”, que se combatiría con educación, siendo refutado de inmediato el presidente por el comentarista aludido, al relatar la actitud que se observa de los mexicanos una vez que cruzamos la frontera, en donde su sistema de gobierno y de leyes hace posible que todos nos portemos bien, pues inflingir la ley tiene altos costos para el que la quebranta, no así en México en donde romper la ley no tiene consecuencias tan graves, por lo general, sobre todo para el que tiene recursos. Krausse contraataca y refuta aseverando que no es un problema de “cultura” sino del sistema. No es el mexicano corrupto por naturaleza, opina con vehemencia, si bien todos los seres humanos somos proclives a actuar en contra de las normas, pero es el Estado el que garantiza establecer las condiciones para la eficaz aplicación de la ley y las normas de convivencia. Si el Estado fomenta o tolera la corrupción de sus ciudadanos, fomentará la entronización de un sistema que se rija no por la ley sino por el tamaño de los haberes que tengan quienes buscan quedar impunes.Si, la educación del pueblo es  sin duda un camino que debemos emprender de inmediato, sin simulaciones ni ficciones, pero otro tanto  se puede y se debe hacer en el ámbito de la manera como funciona el gobierno. Que este demuestre que está a favor de los ciudadanos. 


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