Caleidoscopio

¿Leer o no leer? Para los jóvenes de hoy

No sé si a usted, amable lector, pero a mí me preocupa la pobreza económica de nuestro país, pero más la pobreza educativa que se observa en la población en general, y gravemente en los jóvenes, quienes están distanciados del hábito de la lectura; y me refiero a la buena lectura sobre historia, cultura, biografías, novelas y cuentos de calidad.

Seguir montados en el tobogán de la pobreza intelectual que nos aqueja,  conducirá al país, si no al desastre, sí a la mediocridad.

Revisemos esta estadística reciente: en nuestros ratos libres, los mexicanos leemos en promedio al año solo 2.8 libros, en comparación con los españoles que leen 8 y los alemanes 12, ubicándonos así como uno de los países de más baja lectura en el mundo; en contraste, el 45% de la población mexicana usa su tiempo libre para ver televisión y solo 14% para leer.

Ocioso decir que el ingreso per cápita de los españoles o los alemanes es 3 o 4 veces mayor que el nuestro. Por algo será.De seguro  algo hicimos mal los padres de los jóvenes de hoy, pues su educación, que viene desde la niñez, ahora resulta que es más visual que antes y si acaso leen, lo hacen a través del internet,  y el ajetreo de la vida moderna nos da, a los padres y a los jóvenes también, escusas para justificar nuestra falla  respecto a la práctica de la lectura.

En lo personal trato de convencer a mi hijo que leer trae muchos beneficios: aprendes a ser crítico,  a reflexionar sobre la vida, expandir tus horizontes, tener buena ortografía, agiliza tus sentidos, nos hace más cultos y por ello más competitivos.

No sé si el uso del internet y la utilización de las redes sociales te ofrezca esto que acabo de mencionar, pero, en mi opinión, leer es aun la mejor fuente para adquirir conocimientos, y con ello, estar mejor equipado para transitar con éxito material y espiritual en esta vida.

Para México, todos, gobernantes, empresarios, intelectuales, profesores, padres de familia,  sociedad en general, es imperativo voltear los ojos hacia los temas educativos, pues un pueblo sin educación de calidad es un pueblo mediocre, manipulable, sujeto a los chismes y a las especulaciones más que a la ciencia o a la verdad, y, a final de cuentas, será un pueblo sin futuro.

Yo no quiero eso para mis hijos y nietos. ¿Usted tampoco, supongo? 


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