Caleidoscopio

Fin del buen vecino: llamada urgente

El gobierno de Estados Unidos ya no nos quiere como amigos. No nos quieren en el  vecindario. Por eso, el muro va, y, además, ni para que venga a Washington el presidente Peña.

Ojalá y la llegada del belicoso ogro en lugar de enpanicarnos, nos haga ver las enormes metidas de pata que a lo largo de muchísimos años hemos cometido como país, como gobierno y como ciudadanos pasivos y facilones, cuyas omisiones solo han ocasionado subdesarrollo, retraso en la educación, debilitamiento del estado de derecho, pobreza crónica e inseguridad. Ya no es posible seguir tapando el sol con un dedo.

La buena vecindad se acabó y es prudente poner nuestras barbas a remojar, pues resulta evidente que Trump es nuestro enemigo. Para efectos prácticos, estamos solos: los vecinos se van del TLC. De ahora en adelante, cada quien para su santo y cada quien se las arregla como pueda.

Bajo ese escenario, más nos vale voltear hacia dentro y dejar, de una vez por todas, de vernos solo el ombligo. Se impone no nadar de muertito y de inmediato ponernos las pilas.  La primera alerta es obligar a los políticos a corregir nuestro desmadre y que dejen de ver solo por sus intereses. Exigirles que le dediquen algo de su tiempo a ver por México, por lo menos tratando de eliminar algunas de las causas que provocan la corrupción y si no eliminarla por completo, al  menos reducirla notoriamente.

Mejor ocupémonos en derribar los muros que hay en México y que nos dividen. ¿Por qué no nos ocupamos ya, desde ahora, de ellos?

Es tiempo de hacer la tarea que no hemos hecho como país: fortalecer la economía ajena al TLC, ofrecer una alternativa de empleos a migrantes, mejorar la seguridad de verdad, pues llevamos años diciendo que la atacamos y no pasa nada; hacer algo por mejorar el estado de derecho, la calidad de los servicios que presta el gobierno y la eficacia de nuestra democracia. Implica tomar decisiones necesarias y no mantener, ni un minuto más, las condiciones que nos aseguran solo seguir en el subdesarrollo. 


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