Caleidoscopio

Fin del bono

Coincido con el pensamiento de  mi amigo Fernando Royo, quien en días pasados en este mismo Milenio Diario, ejercita con su pluma llena de ironía (de la buena por supuesto) su derecho a la autodeterminación y proclama la buena nueva para los coahuilenses de que… “ahora sí,  ¡no hay pretextos!...” en alusión a que se alinearon los astros de la buena fortuna y por fin Torreón estará en la ruta del progreso. Los astros, que por medio de la magia de las urnas se convierten en gobierno del mismo signo, desde la cabeza (presidencia) pasando por el ejecutivo estatal  y legislativo, rematando en la base con un alcalde del mismo color, deberán meternos, de nueva cuenta, en la ruta del éxito y convertirnos en un jugador de primera, según dice Fernando. Tiene razón.Y sí, habrá que recalcar que ahora no hay escusa para negarle a la ciudad y a los ciudadanos en general,lo que en el pasado se le negó, un tanto por el divisionismo que siempre nos corroe y nos debilita y otro mucho por el centralismo estatal que “jala” agua que nos pertenece, para un molino que se ubica a 260 kilómetros al oriente de esta plaza y que siendo la sede de los poderes estatales goza del favor patrimonialista de los gobernantes, cuya residencia oficial está ahí y no acá.Nuestros gobernantes actuales y los que pronto entrarán,o en algunos casos regresarán a formar parte de esa elite,  han sido generosos en regalarnos promesas de progreso, más justicia y  seguridad, pero hasta ahora han tenido pretextos y salvedades de todo tipo para explicar, a toro pasado, la razón por la que no se hacen realidad, en los hechos, las promesas del pasado. Esa técnica de “flotación” que en realidad ha sido un bono que se ha utilizado para justificar la falta de progreso, ya no es creíble; ya no funciona.  El partido gobernante lo tiene todo. Está obligado a cumplir. Se acabó el bono. 


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