Caleidoscopio

Capacidad de indignación = 0

Cuando de las 270 mil escuelas públicas del país 48% no tiene drenaje, 31% no hay agua potable, 13% no tiene baños, 11% no tiene energía eléctrica, me supongo sería declarada “tragedia nacional” en cualquier país que se ufane de estar interesado en los ciudadanos, ya no digamos en los niños.
Cuando de la planta laboral de maestros 39 mil son “aviadores”, 31 mil “comisionados” a otras tareas diferentes a dar clases, 113 mil trabajan en otro centro laboral, sin saberse exactamente dónde, 115 mil renunciaron, están jubilados o ya fallecieron, pero alguien sí cobra puntualmente sus quincenas, me supongo que además de la declaración de “tragedia nacional” se prenderían todos las alertas rojas y amarillas, invitándonos el Estado a combatir de inmediato el robo del siglo”, y nosotros, los ciudadanos, correríamos presurosos a colgar del palo más alto a los ladrones.
Cuando se nos informa que de los impuestos de donde se alimenta la nómina de los maestros, tanto los de la CNTE como los del SNTE, se erogan 35 mil millones de pesos, (si, leyó usted bien: $ 35,000,000,000.00) para “premiar” “incentivar” o ilegalmente “remunerar”  a  298 mil personas, supuestos maestros, aviadores, agitadores profesionales, huelguistas de oficio, golpeadores, secuestradores, gente que no trabaja o no aparece,  pero sí cobra, o vaya usted a saber qué, me imagino que la indignación del pueblo, la de todos, sería monumental. Presenciaríamos de inmediato una rebelión de los ciudadanos, inusitada, espontánea, feroz, para no pedir sino exigir castigo a los que perpetran y permiten semejante atraco.
Pero no, lamentablemente estoy equivocado, pues en los medios informativos y en la agenda nacional hay otros “temas” que merecen más atención del respetable que el del robo del siglo, que parece no importar a nadie. Se discute, eso sí, sobre los desastres de la Línea 12 del Metro del D.F. o del diputadete líder del PRI, rey de la basura, quien trafica con mujeres, o se discute con mayor pasión del papel que jugara la gloriosa selección nacional de futbol en Brasil.
Triste realidad, cuando la indignación de un pueblo llega a cero.


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