Caleidoscopio

Ayer empezó la fiesta del fútbol

Hoy jueves me encuentro en Aachen, Alemania, emblemática ciudad Carolinga, de estirpe noble desde hace más de 2,000 años, pues fue aquí donde el emperador Carlo Magno asentó su imperio, para dar luego, con el tiempo y su liderazgo, forma a la Europa medieval y finalmente, a la Europa moderna. Aachen fue el centro de la Europa fragmentada y sin cohesión, en aquel tiempo no solo por la gracia, liderazgo y poder, que lo tenía a raudales Carlo Magno, sino por ser un lugar geopolíticamente privilegiado: a unos cuantos pasos de lo que hoy es Bélgica, también de Francia, Holanda y Luxemburgo, cerca del resto de los enclaves feudales de aquel tiempo, pero insertada en la Alemania sur occidental, menos terca y menos dogmatica que el resto, tal vez por la imponente presencia del río Rhin, que al bañar sus tierras las hace fértiles y por ello sumamente productivas. De ahí la riqueza de estas tierras objeto de mil batallas, posesión de unos y de otros, alternadamente, que con el paso del tiempo templa el carácter de la gente y les moldea el temperamento de manera muy especial. Son rudos, son cuadrados, son disciplinados, son callados, son especiales. Son muy trabajadores, y, sin duda, aman el fútbol: la Bundesligue está a diario en el corazón de cada teutón. Lo que si no son, es que con cualquier pretexto armen una fiesta, como nosotros los mexicanos.  Pero hoy inicia el mundial y en el hotel donde nos hospedamos han dispuesto la instalación de una pantalla de tele grande, en el bar, para ver la ceremonia de inauguración y luego el partido. Ya son las 9.55 PM y el evento ha terminado. Nadie apareció en el bar para ver lo que  sucedía en Brasil,  y eso que el hotel es grande y está lleno de alemanes, belgas y franceses y un trío de mexicanos, pero en el bar solo estamos mi familia y yo y un par de despistados turistas americanos que no son fans del futbol soccer, como ellos le llaman.Para cuando escribo esto, Brasil gana, pero con la ayuda del árbitro, y no convence, y yo me encuentro solo y despistado pues intento entender el por qué  de la abulia de los alemanes que no muestran interés por el mundial. Solo les interesa lo que le pase a su selección. Lo demás, les tiene sin cuidado. Son diferentes a nosotros. A nosotros nos hace feliz la fiesta, cualquier fiesta. A ellos les hacen feliz los resultados. Son prácticos, aunque sean aburridos. 


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