Caleidoscopio

Alerta máxima: más de lo mismo

La verdad, somos un país sobrediagnosticado. No avanzamos. 

Lo que nos falta es voluntad para actuar en el sentido que se requiere: menos discursos, menos demagogia, políticas públicas inteligentes alineadas con los intereses de los ciudadanos y no de los políticos.

Ellos ya tienen mucho.  Ya deberían de estar satisfechos con sus logros económicos personales.

Ahora se demanda de ellos compromiso, que la gran mayoría no  lo ha mostrado; basta de  hablar de ahora sí aplicar la ley. Aplicarla. Punto.Joseph Stiglitz, premio Nobel 2001 nos dice de frente, en nuestras narices: “No se puede tener desarrollo cuando hay millones de personas sin acceso a una educación de calidad y menos a un empleo bien remunerado” y continúa diciendo: “ Tiene que pensarse en no solo lograr estabilidad económica, como se pregona en estos días y desde hace décadas, sino asegurarse que los ingresos del Estado se inviertan realmente en las personas, en los ciudadanos, para generar igualdad, de la que carecemos por el momento.

“En México se paga un alto precio por la desigualdad, que proviene de la falta de oportunidades educativas”.

También junto con la pobreza y la falta de oportunidades va de la mano la falta de Estado de Derecho y lo constatamos todos los días a través de la prensa, radio y televisión, que muestran las aberraciones de un sistema de justicia deficiente, corrompido y maleado, que opera por lo general al mejor postor. Así la calificación de México entre los países es que andamos en el lugar 79 de 99 naciones que miden su desempeño judicial.

Nos parecemos más a Rusia, Irán, Zimbabwe, Myamar, Guatemala, Nicaragua, Bolivia y Venezuela. No nos parecemos a Francia ni a Chile, tampoco a Estados Unidos, mucho menos a Dinamarca o a  Suecia,  que se encuentran entre las naciones más sólidas en materia de aplicación correcta de la justicia.

Claro, somos diferentes, se dirá, e inclusive se argumenta que es un fenómeno “cultural” y se grita a los cuatro vientos  que en todos lados hay corrupción e impunidad; y sí, cierto, pero allá el que rompe la ley enfrenta las consecuencias y aquí…no tanto. 


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