Caleidoscopio

Agenda del país, mosaico de colores

Escribo este artículo al momento que la prensa del país  recuerda, no conmemora por desgracia, los cien años de la muerte de Don Porfirio Díaz, héroe de la gran batalla del 2 de abril de 1867 en donde se derrota realmente al invasor francés y se le expulsa del suelo patrio.

Héroe sin duda, y gran político también, pues a raíz de su ascenso al poder emprende la pacificación del país y se inicia una etapa prolongada de paz y progreso.

Su pecado fue haber permanecido tantos años al frente del gobierno, subestimando la capacidad del mexicano para dirigir su propio destino por la vía democrática.

Para mí fue un gran patriota y un mexicano excepcional que algún día la historia lo reivindicará de manera clara, pero por lo pronto, la polémica de si sus restos deben volver a México está a todo lo que da.

En otros países, el tratamiento que sus sociedades le dan al pasado es más práctico y objetivo: no se rasgan las vestiduras.No hace cien años sino hoy que escribo, también muere otro grande: Jacobo Zabludovsky, ejemplo de trabajo, humildad, profesionalismo, virtudes todas de un hombre que hasta su muerte trabajó intensamente y fue maestro de muchas generaciones de periodistas, a pesar de que fue criticado y vilipendiado por muchos.

Pero es que el éxito se paga muy caro.También leo varios artículos de comentaristas acerca del estudio de Esquivel sobre la desigualdad y la pobreza, lo que demuestra que cala hondo el tema, y como no habría de serlo, si casi la mitad de la población vive en la estrechez: los políticos, la mayoría,  y los grandes empresarios, como que les habla la virgen. Ni caso.

Por otro lado, me causa regocijo el tema del Piojo Herrera, héroe de moda y guardián en turno del honor nacional y administrador de los anhelos del pueblo mexicano, en trance de convertirse en futuro villano, como ha sucedido con decenas de técnicos de la selección de futbol, que a pesar de los esfuerzos de las televisoras por mostrarlos como extraordinarios atletas, exitosos y todo lo demás, en realidad son un equipo mediocre, que refleja, como la pobreza del país, las enormes contradicciones del sistema. 

Somos un país único, un mosaico de colores, aunque nuestros afanes cotidianos no cuadren entre si. 


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