Caleidoscopio

“Abismo”

Cualquier democracia funcional necesita vivir bajo un estado de derecho y no bajo el estado delincuencial que padecemos en muchos lados del territorio nacional, con rendición de cuentas por parte de quienes ejercen el poder (lo que hubiera mandado a su casa, entre otros, a los gobernadores de Guerrero y Oaxaca, hace un buen tiempo) y, antes que nada, bajo la batuta, que no tutela, de un Estado fuerte y legítimo. Si la existencia de un Estado poderoso no llega antes que la democracia, la democracia difícilmente echará raíces. Un Estado débil no es propicio a la democracia. El crecimiento económico depende también de un Estado eficaz, que significa que haya crecimiento económico permanente, no de vez en cuando, y crecimiento social; es decir, que los ciudadanos avancemos en el tiempo hacia un estado de mayor seguridad, no sólo de nuestras pertenencias y nuestras vidas, sino también de las condiciones de vida en el trabajo y en la comunidad.Verlo de otra manera, simulando y fomentando la política ficción de sólo resolver los problemas cuando se presenten, en un ánimo mas bien de “control de daños” que de solución integral, abona a que los muchos, los más pobres, la mitad del país, incuben en su mente y lo que es peor, en sus corazones, la semilla del odio cuya raíz primaria es el resentimiento por el maltrato y el abandono por parte del Estado a una clase mayoritariamente colocada en la base de la pirámide poblacional, que contrasta con los que están en la cima de la pirámide y que siendo muy pocos, absorben la mayor parte de la renta nacional.Ese abismo, cada vez más ancho, amenaza a una nación entera y es menester reducirlo, y, con el tiempo, erradicarlo por completo, para poder vivir los mexicanos en armonía, en paz, produciendo y disfrutando de las riquezas que la naturaleza nos regaló y que se pueden perder para siempre, por la voracidad de unos cuantos: No hay que permitirlo.No debemos permitirlo. 


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