Juego de espejos

Las tribulaciones de Marcelo

El ex jefe de Gobierno fue hábil políticamente y en apariencia muy aplicado en la administración de una de las metrópolis más grandes del mundo. Su poder e influencia se asociaban a su investidura, no a sus antecedentes, como fue el caso de Cuauhtémoc Cárdenas o AMLO, cuya sombra se imponía.

Ebrard es una de las figuras políticas más inteligentes de su generación. Hasta hace poco, un sobreviviente del salinismo. Entonces el joven más prometedor, número dos de Manuel Camacho quien disputaba a Colosio la candidatura presidencial. Ebrard siguió la suerte de Manuel en la negociación con el EZLN. La bala que asesinó a Colosio quebrantó el proyecto de Camacho en el PRI. La creación del PCD no prendió. Ebrard transitó al ahora vilipendiado PVEM y lo hizo diputado, después al PRD, AMLO lo volvió su favorito y lo impulsó como sucesor.

Ebrard fue un jefe de Gobierno hábil políticamente y en apariencia muy aplicado en el gobierno de una de las metrópolis más grandes del mundo. Su poder e influencia se asociaban a su investidura, no a sus antecedentes, como fue el caso de Cuauhtémoc Cárdenas o AMLO, cuya sombra se imponía. Aún así, trabajó para disputarle la candidatura presidencial. Construyó alianzas. Su gobierno de la ciudad fue más moderno y avanzado al de sus antecesores. No pocos lamentaron que se malograra su candidatura. Incluso, hubo una poderosa corriente en cúpula del PAN que pensó que Marcelo podría ser el candidato de una imaginaria coalición con el PRD para derrotar a Peña Nieto.

El tiempo se le ha venido encima. La mayor parte de sus adhesiones y apoyos se diluyeron porque eran interesados; fuera del cargo las deserciones fueron abrumadoras. A quienes impulsó no tuvieron la fuerza y la habilidad para hacer valer el proyecto de Ebrard. Su objetivo de ganar la dirigencia nacional se colapsó y tuvo una mala y triste suerte, poco digna de su investidura previa y de la inteligencia que todos le reconocen. Confrontar a Miguel Ángel Mancera fue un error de soberbia, como también lo hiciera con Los Chuchos y con López Obrador.

El problema mayor no ha sido su vanidad ni su frágil sentido de lealtad, sino su descuido en temas fundamentales que ahora le llevan a la desgracia: el apoyo y promoción de Ángel Aguirre al gobierno del estado de Guerrero y la Línea 12 del Metro. Ebrard no ha podido salvar responsabilidad en ambos temas y en el PRD, de un activo pasó a la condición de amenaza, por su desprestigio y falta de control en su apetito de poder.

A Ebrard le faltó visión y modestia. Apostó todo a la candidatura presidencial y eso le distanció de AMLO. Pudo haber llegado al Senado y allí, sin  duda, hubiera sido una de las figuras más relevantes, pero se le hizo poco. Ahora, tres años después buscó la candidatura a diputado federal, fracasó en el intento y se salió del partido para irse a Movimiento Ciudadano, de Dante Delgado. Su grupo se ha dispersado y el Tribunal Electoral le ha despojado de la candidatura que tenía en un lugar preferente de la lista plurinominal.

No hay muerte política, pero el ciclo de Ebrard está en su punto más bajo. Dante Delgado ha decidido hacer campaña con su figura. Un error, su imagen no da para mucho, ni siquiera en la ciudad que gobernó por seis años con habilidad y sentido de modernidad. La Línea 12 del Metro es casi un golpe mortal, a pesar de su intento de control de daños. También se le ha señalado como el autor intelectual de la filtración de la casa blanca. La realidad es que las lealtades frágiles y compromisos interesados ahora se le vuelven en contra. Lamentable, ya que su presencia en el Congreso se justifica y le daría fuerza al partido que le promoviera.

El futuro de Ebrard es incierto. Si Enrique Alfaro gana en Guadalajara, sería la carta de Movimiento Ciudadano hacia la candidatura presidencial; también es posible que busque postular a AMLO en coalición con Morena. Dante Delgado ha probado ser un político hábil y pragmático que ha hecho de su partido un vehículo eficaz para mantener vigencia y ser parte del debate nacional; por cierto, otro sobreviviente de la época del salinismo, aunque con identidad propia, asociada a Fernando Gutiérrez Barrios, con quien fue secretario general y gobernador sustituto en su tránsito por la gubernatura de Veracruz.

Se habla del retiro temporal de la política de Ebrard y de su residencia en Europa. Sin embargo, sus preocupaciones no son políticas, sino de corte legal, por la investigación sobre la Línea 12 del Metro. No puede bajar la guardia; AMLO le ha lanzado un guiño y su hombre más cercano, el senador Mario Delgado ex tesorero en el DF, ha renunciado al PRD y se ha sumado a Morena. Martí Batres es el portero y por el momento Ebrard no tiene entrada. El problema es que Ebrard día que pasa, día que vale menos. Su futuro no está con Dante, sino con AMLO.

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