Juego de espejos

Las tribulaciones de Ebrard

Lo que es un hecho es que el ex jefe del GDF lucha por su supervivencia política. El objetivo es ser diputado federal plurinominal por la vía de la victimización. Pretende serlo por el PRD, aunque mantiene puentes hacia Movimiento Ciudadano y Morena.

No queda claro quién se sirve de quien, si Madero de Ebrard o éste de aquél. El encuentro en lugar público da mucho de qué hablar. El influyente espacio en la red SDP Noticias afirma que el ex jefe de Gobierno solicitó apoyo al dirigente del PAN para librar en los mejores términos la indagatoria que realiza la Cámara de Diputados sobre la Línea 12 del Metro, a cambio de proveerle sendos expedientes de priistas y respaldarle en la pretensión presidencial de Madero. De ser cierta la especie, revelaría la desesperación de Ebrard, un político poco dado a los impulsos.

Lo que es un hecho es que Ebrard lucha por su supervivencia política. El objetivo es ser diputado federal plurinominal por la vía de la victimización. Pretende serlo por el PRD, aunque mantiene puentes hacia Movimiento Ciudadano y Morena. Se asume objeto de una venganza política del PRI, de Los Pinos y del diputado Manlio Fabio Beltrones. Ya antes había señalado a Miguel Ángel Mancera como autor del complot en su contra, a quien retó a un debate público, como si las indagatorias legales y técnicas debieran dirimirse en el ring mediático. También hizo creer que la suspensión del servicio era innecesario, ya que su motivación era la venganza del director del Metro, quien fue removido de la SSP en la gestión de Ebrard. La victimización como vocación.

Un error de López Obrador salir en defensa de Ebrard. La honestidad valiente se diluye en los arreglos o el cálculo político. Una inversión monumental se malogró y el servicio de la Línea 12 del Metro tuvo que suspenderse para salvaguardar a los usuarios. No fue el PRI ni el gobierno federal los que suspendieron la operación, fueron los errores técnicos, por corrupción o incompetencia, y eso obliga, como en muchos otros proyectos fallidos, a una investigación rigurosa y al deslinde de responsabilidades. López Obrador no puede tazar responsabilidades y exoneraciones a la medida de sus alianzas o prejuicios. Las insuficiencias y la corrupción de los gobiernos del PAN o del PRI no llevan a la impunidad sobre lo que han hecho las autoridades perredistas o próximas al líder de Morena.

Ebrard acusa a los diputados de politizar la investigación, cuando ha sido él quien lo ha hecho. Sabe que la victimización respecto al PRI genera una poderosa inercia del PRD para protegerlo y, consecuentemente le haría ganar impunidad si alcanza el cargo legislativo. A cambio estaría dispuesto a mantenerse en el partido y actuar conforme al interés de la dirigencia, a pesar de las acusaciones que les hiciera de actuar con sometimiento al gobierno federal. Queda en manos de la dirigencia perredista salvar a un enemigo para quien la lealtad está a la medida de lo que le conviene.

La Línea 12 del Metro no debió iniciar operaciones. A Ebrard le ocurrió lo que a muchos políticos al término de su gestión: el apuro por inaugurar lo inconcluso. La obra corresponde a una necesidad y fue una buena decisión, como muchas otras que se dieron en su gestión. Pero hay controversia que se desprende no de la política, tampoco del inicio precipitado de la operación, sino de la investigación técnica, como es el caso de incompatibilidad en los rieles y los trenes, asunto que debe aclararse y, de ser el caso de negligencia o corrupción, sancionarse con rigor y sin exclusiones.

La comisión investigadora de la Cámara de Diputados debió conceder espacio para que los involucrados en el proyecto de la Línea 12 del Metro expresaran sus razones y argumentos. No hacerlo le dio a Ebrard la oportunidad de victimizarse, polarizar a la comisión en su beneficio y restarle fuerza a las conclusiones de la indagatoria legislativa. Sin embargo, allí están los hechos y los dictámenes de carácter técnico emitidos por empresas y especialistas que documentan la inoperancia de tramos importantes de la Línea 12 por decisiones equivocadas. No está por demás señalar que la negligencia, impericia o el error en las decisiones de inversión también está sancionada, no solo la corrupción, hecho difícil de documentar.

La culpa es nuestra. Reveladoras las expresiones del ex presidente Clinton en visita reciente, quien reconoce las consecuencias negativas que tuvo para México y la violencia asociada que en el país vecino se haya propiciado el trasiego de drogas por la vía terrestre. No es común escuchar a un político reconocer culpa. Lección para quienes por candidez o complejo de culpa han resuelto someterse a las agencias norteamericanas en la lucha contra las drogas, como ocurrió en el gobierno pasado. La violencia en México asociada al narcotráfico es un problema global. Por lo pronto es momento de exigir al país vecino mayor rigor para contener el tráfico de armas a México.

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