Juego de espejos

Balazo en el pie de Ricardo Anaya

Un reto mayor de los partidos es la definición de candidato. Se supone que si hubiera prácticas democráticas, no debiera ser mayor problema. No es así hasta para el PAN, el partido con mayor tradición para resolver la competencia interna. De los demás partidos, ni hablar. Es el autoritarismo de sus cúpulas el que los ha llevado a alejarse de la sociedad a la que presumen representar. El derecho a ser votado es una quimera; la opción son las candidaturas independientes, las que han funcionado precisamente por la cerrazón de los partidos.

Coahuila será la prueba de ácido para los partidos; el PRI se dividió una vez que la dirigencia nacional dejó en el gobernador Rubén Moreira el proceso interno. Inexplicable si fueran ciertas las palabras de que los priistas debieran denunciar la corrupción de los gobernadores. Con la claridad de que no tendría oportunidad, Javier Guerrero optó por la candidatura independiente. La decisión de dejar en manos del gobernador la elección fue una humillación a Jericó Abramo, Tereso Medina y la misma senadora Flores, cualquiera de ellos más competitivo que el favorito del gobernador, Miguel Riquelme.

La mesa estaba servida para el PAN: el PRI dividido, un gobernador en el descrédito por la corrupción, un desgaste a la marca PRI por todos los acontecimientos, incluyendo el llamado gasolinazo. Solo se requería resolver la candidatura y construir un marco de unidad. Ricardo Anaya y los órganos de dirección del PAN optaron por el peor de los caminos: la selección por encuesta.

Seleccionar candidatos por encuesta es la renuncia de la política y de la democracia. Mucho más cuando se interpretan mal los resultados y los encuestadores no cumplen con su deber de auxiliar al cliente para entender el estudio. Se entiende que muchos no alcancen diferenciar competitividad de conocimiento. No de Ricardo Anaya, hombre de talento. La selección de Coahuila favoreció al más conocido, Guillermo Anaya, no al más competitivo, Luis Fernando Salazar. Los encuestadores no depararon en mostrar que los negativos del favorecido eran considerablemente superiores a los de Salazar.

Los careos convencionales no dan resultados confiables porque favorecen al más conocido. Es elemental: ¿por qué se va a votar por alguien que no conocen? Lo que se tiene que hacer es encuestar entre quienes conocen a los principales candidatos. Esto obliga a una muestra considerablemente mayor. Además, debió haberse incluido una batería de negativos para advertir las debilidades de los candidatos, en particular, por la sospecha generalizada dentro y fuera del PAN de que hay un entendimiento entre Guillermo Anaya y el gobernador Moreira, lo que se robustece con el silencio del ahora candidato respecto a los escándalos de corrupción del gobierno local, justo lo contrario de Luis Fernando Salazar.

La rebelión de Luis Fernando Salazar era de esperarse. Independientemente de las insuficiencias del estudio, es evidente que la competitividad de Luis Fernando es mayor que la de Guillermo Anaya y por el descrédito a su candidatura por la división y la sospecha de connivencia con el gobernador se complica el triunfo claramente perfilado para el PAN. El descrédito del gobierno y del PRI, y ahora la controversia sobre el candidato del PAN abre camino al candidato independiente, Javier Guerrero, el que según varios estudios recientes, a meses de inicio de las campañas, le dan ventaja de 6 puntos sobre Guillermo Anaya. Los mismos estudios muestran que si Luis Fernando fuera candidato por otro partido, obtendría más votos que el del PAN.

Escuchar la argumentación convencida de Ricardo Anaya de que se hizo lo correcto pone en duda su destreza, aunque existe sospecha de que fue el gobernador de Puebla quien promovió a Guillermo Anaya. Lamentable para Ricardo, reconocido como el mejor político de la nueva generación. No solo muestra un desconocimiento sobre la manera de interpretar las encuestas, responsabilidad compartida por las empresas contratadas, sino que no advierte que sus argumentos conspiran contra sí mismo en la definición de la candidatura presidencial. Bajo su misma tesis sería Margarita Zavala y no él, quien abanderaría al PAN. Efectivamente, Margarita es preferida por mucho, porque es mucho más conocida que Moreno Valle o Ricardo Anaya. Un balazo en el pie del joven dirigente.

Coahuila, igual que Nuevo León en 2015, se perfila para mostrar el repudio popular al PAN y al PRI. Miguel Riquelme con una alianza de muchos partidos quedará en un disminuido tercer lugar, a pesar de la descarada intervención del gobernador y de la documentada desviación de recursos públicos. El PAN hubiera podido ganar, pero con un candidato que garantizara unidad y credibilidad. Ricardo Anaya le sirvió la mesa al candidato independiente Javier Guerrero y comprometió la suya en la nacional.  

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