Juego de espejos

Entre el regateo y el ‘descontón’

No hay espacio para declarar victoria, además la lucha contra el crimen organizado no admite tregua. El viernes por la noche fue detenido en Tamaulipas el líder del cártel del Golfo, José Tiburcio Hernández Fuentes, El Gafe. También ese día fue detenido en Villa Ahumada el líder del cártel de Juárez, Jesús Salas Aguayo, El Chuyín.

Bajo cualquier estándar, los resultados en materia de seguridad del gobierno federal han sido positivos. La situación más crítica se ha dado, como en el pasado, en los estados donde las autoridades estatales y municipales no han podido o no han querido hacer su parte en la lucha contra el crimen. Aún así, se han ganado batallas importantes, además se han aprehendido a los jefes más importantes de las bandas criminales al tiempo que se les ha desmantelado. Muchos de los grupos delictivos han desaparecido o están muy disminuidos. A diferencia del pasado, la aprehensión de jefes criminales se ha acompañado de cifras a la baja de la violencia y de las ejecuciones.

No hay espacio para declarar victoria, además la lucha contra el crimen organizado no admite tregua. El viernes por la noche fue detenido en Tamaulipas el líder del cártel del Golfo, José Tiburcio Hernández Fuentes, El Gafe. Horas después la captura provocó una ola de violencia en Reynosa por el enfrentamiento entre fuerzas federales y hombres armados en el frustrado intento de liberar al criminal. También el viernes fuerzas federales detuvieron en Villa Ahumada al líder del cártel de Juárez, Jesús Salas Aguayo, El Chuyín. Las cifras y las detenciones de los jefes de grupos criminales son indicativas de que la estrategia contra el crimen organizado está dando resultados y que la inteligencia ha sido eficaz.

La situación de Michoacán también revela el avance en el propósito de recuperar el territorio al crimen. Si bien es cierto que las condiciones de ahora no son propiamente de normalidad, sí son considerablemente mejores respecto al pasado inmediato y al momento en el que se dio la elección que llevó al poder a Fausto Vallejo. El imperio de La Tuta se ha desmoronado porque se acabó con la impunidad que había llevado al sometimiento del aparato político y buena parte del económico.

El regateo de los resultados no solamente está en un sector de los medios, también en la población. Es un problema en el que el escepticismo, la desconfianza y la persistencia de delitos del fuero común se entreveran y hacen válido el reclamo por mayor seguridad. Bajan las expresiones de violencia extrema y los delitos de impacto como son las ejecuciones, pero subsisten o aumentan los crímenes que más afectan a la población como es el robo a casa habitación o a transeúnte.

El problema de seguridad persiste porque se ganan importantes batallas en un segmento de la cadena delictiva sin que se atienda la causa mayor que es la impunidad y la deficiente justicia criminal, asunto que corroe a todas las actividades y que hacen del país un régimen de magros resultados en la lucha contra el delito en su conjunto. Lo mismo ocurre con la corrupción que en los ilícitos económicos como lo revela Ficrea. Mientras persistan elevadas tasas de impunidad, la sociedad mexicana estará condenada a coexistir con el crimen.

Los logros de gobierno se dan en medio de las noticias con clara intencionalidad política, algunas, como las de Proceso, en el fallido intento de dar continuidad al escándalo asociado a la casa blanca. Tampoco faltan las de corte electoral, esto es, vinculadas a la contienda por el voto y que involucra a candidatos o gobernantes. Reforma ha llevado la delantera en ello. En fechas recientes dos casos son emblemáticos de esta postura en los medios: el candidato del PAN Francisco Domínguez de Querétaro, exhibido por la inconsistencia de su declaración patrimonial y Claudia Pavlovich, del PRI, magnificando un tema menor y no sustanciado como lo han aclarado todos los involucrados. En Monterrey, El Norte ha hecho su objetivo cuestionar al proyecto Monterrey VI y a la familia del gobernador en repetidos encabezados de primera plana. En este sentido, los vilipendiados medios electrónicos han sido considerablemente más cuidadosos.

El descontón mediático se ha vuelto práctica común, con frecuencia a contrapelo del rigor periodístico y del interés noticioso. Se corresponde a la política editorial y a los objetivos de posicionamiento de la empresa. Esto hace a los medios actores privilegiados del proceso político sin las restricciones propias de los sujetos formales; en casos ni siquiera el derecho de réplica es respetado, como lo documenta la respuesta a Proceso por el secretario de Gobernación.

Lo que importa es la libertad de expresión. Aunque sea molesto al poder y repudiable para cierta sensibilidad antiliberal, la prensa está en su derecho de opinar, participar, criticar, evaluar e incluso inducir postura hacia el poder, los partidos y candidatos. Lo mismo es válido para el mundo digital, mucho más abierto, participativo, horizontal y que opera en tiempo real. Vivir en el ruido propio de la lucha abierta por el poder y del ejercicio activo de las libertades es un privilegio, con frecuencia divertido, aunque para algunos incómodo.

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