Juego de espejos

El privilegio de criticar

Gobernar, legislar, administrar o el activismo partidario padecen un preocupante desprestigio. Son menos los que se salvan y no importa afinidad ideológica o lugar de desempeño.

El ejercicio del poder es una actividad a la que muchos aspiran por consideraciones nobles y no tan nobles. En México existe una confusión básica entre administración y política, causa de muchas de las insuficiencias del gobierno. La falta de profesionalismo en el servicio público hace que se incurra en prepotencia, discrecionalidad y ostentación. En el fondo hay un desdén para el ciudadano y a la sociedad.

Gobernar, legislar, administrar o el activismo partidario padecen un preocupante desprestigio. Son menos los que se salvan y no importa afinidad partidaria o lugar de desempeño. Todo parece que se entreveran dos procesos: una sociedad indignada y con mayores instrumentos de auditoría como es el móvil del vecino difundiendo gráficamente la comisión de un delito de un funcionario desviando recursos públicos y un inocultable relajamiento de la disciplina.

Con el descuido generalizado de las formas y de las conductas de los políticos es natural que se cometan errores y se incurra en fallas, algunas de fondo otras de mera estética. Lo mismo en la situación patrimonial, actividad social o en eventos privados. Lo que provoca que la venganza pública se imponga al riguroso escrutinio. Unos mal y otros igual; se impone el prejuicio y se dictan sentencias sumarias de condena sin mediar razón ni medir consecuencia.

Jorge Ramos es un buen ejemplo. Ramos es un mexicano muy exitoso, objeto de singular reconocimiento, a quien incluyen en un padrón de cien personalidades y celebridades con más influencia en EU. En el ungimiento aprovecha para exigir la renuncia de un dictador y de un presidente democráticamente electo. Resuelve arrogarse heroicidad inexistente bajo la impunidad que ofrece su situación y circunstancia, sin medir consecuencia para el país y para quienes lo habitan. Sin duda Jorge ganó mucho, el país perdió, al denunciante le faltó grandeza, su reclamo se vuelve arrebato con feo tufo golpista.

Sin duda, en estos tiempos criticar es un cómodo privilegio. Lo es por la libertad que existe y también porque los críticos a diferencia de los criticados no gozamos de críticos que no sean disparates en la red, con frecuencia anónimos. Pocas veces hay escrutinio del crítico, mérito de Ciro Gómez Leyva y compañía en su programa radiofónico matutino y en su espacio periodístico; su auditorio y lectores revelan que calidad no está reñida con aceptación.

En realidad hay una suerte de impunidad en los medios. En el peor de los casos el crítico encara alguna demanda civil, casi siempre no existe restricción o límite alguno. Es bueno, aunque es malo. Es bueno porque la libertad de expresión y la crítica al poder son fundamentales para que una sociedad mejore y prospere; es malo porque si prevalece la irresponsabilidad, superficialidad o falta de rigor, tal libertad se envilece.

Así, no es problema que Reforma o El Universal dediquen su primera plana para exhibir el gravísimo delito de que los candidatos a gobernador del estado más grande del país utilicen aeronaves. Los medios participan de la contienda por el voto y queda en su política editorial o en sus estándares de ética o calidad, cómo asumir la causa a la que sirven. Por ello fue importante que Ciro informara cómo le llegó la información del uso de la aeronave del candidato del PAN, relevante no porque lo fuera, sino porque el mismo partido utilizó a Reforma para una denuncia semejante.

El privilegio de criticar llama a un mayor rigor y cuidado. Pero también transparencia. El anónimo sano y obligado de mantener la reserva de las fuentes no debe ser carta abierta a la filtración políticamente intencionada, de otra suerte el medio se vuelve parte, lo que no es pecado, siempre y cuando se diga. El periodismo militante también tiene su lugar en el espectro libertario, pero no es ético asumir imparcialidad sin serlo y no transparentar el origen y sentido de la información de impacto. Sí, es necesario, útil e indispensable el periodismo de investigación, pero no es lo que con frecuencia ahora ocurre, incluso en temas de delicada importancia. Lo que sí existe es una disputa de intereses en la que los medios y sus profesionales se vuelven parte y, en ocasiones, instrumento.

Sin embargo el problema no está tanto en lo que se dice, sino en lo que se omite. Por esta razón los anarcos en la red no puede ganar por asalto la información y la reflexión, desplazando al periodismo profesional, sino lo contrario, el periodismo de calidad debe tomar espacio en la red como lo hacen con acierto un amplio espectro de opciones, singularmente SDP Noticias, La Silla Rota, Animal Político, Sin Embargo, El Universal, MILENIO, Reforma y muchas otras.

El privilegio de criticar debe acompañarse de mayor responsabilidad y seriedad. No solo es cuestión ética o estética, sino de interés propio y compartido, del periodista y de los medios.

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