Juego de espejos

La renuncia de Guerrero al PRI

En memoria de María Luisa Berrueto (1962-2016)

 

Quizás desde el centro la renuncia de Javier Guerrero al PRI sea tema menor; para el PRI de Coahuila es una pérdida mayor. El mejor prospecto de candidato a gobernador, con la mejor trayectoria y con la fortaleza de la probidad en su tránsito por la política y el gobierno ha sido echado del PRI. Rubén Moreira se salió con la suya. Lo de menos es si Miguel Riquelme, su delfín, es el candidato; la postulación de Guerrero como independiente hace nulas las posibilidades del PRI para ganar la elección; cobra fuerza la tesis de que el plan A del grupo en el poder es el triunfo del PAN. El único que puede derrotarles es Javier desde una plataforma independiente.

Guerrero significaba mucho para el PRI: su origen —hijo de ejidatario por el reparto agrario del general Cárdenas en La Laguna—, trayectoria partidista junto a Luis Donaldo Colosio, funcionario de relieve en todos los gobiernos federales en política social, secretario de finanzas de un gobierno que dejó cero deuda, leal y eficaz legislador como lo puede constatar César Camacho y sus pares de estos y otros tiempos. Nada de eso sirvió porque puede más un gobernante cuestionado. El centro eligió.

Fueron muchos meses de Javier y de otros buenos prospectos de candidatos del PRI de tocar puertas en el centro para contener al gobernador y su grupo. Oídos sordos a pesar de las revelaciones de despotismo y de irregularidades que lo equiparan al gobierno de Veracruz de hace meses. Las cifras de rechazo al gobernador no son las de Duarte, pero es muy difícil que un candidato de su hechura pueda ganar.

Con la renuncia y la candidatura independiente algunos en el centro se llaman a la sorpresa. Parecen obviar que el gobernador diseñó una ley electoral para anticipar los tiempos respecto a las candidaturas independientes a manera de evitar presiones al momento de definir al candidato del PRI. Ante los signos inequívocos de parcialidad y de que el centro dejó en el gobernador la elección, por dignidad Guerrero optó por ser candidato independiente.

Lo que viene es predecible: abuso de los recursos públicos para apuntalar una candidatura inviable y construir candidaturas opositoras falaces. Será una guerra sin cuartel con un final ya dibujado. El gobernador Moreira escogerá verdugo. En el muy incierto supuesto de triunfo del PRI, su protegido habría de volverse en su contra para ganar credibilidad después de una elección en la que el abuso presupuestal y la parcialidad serán la marca. Para mitigar temores el gobernador requiere no un candidato, sino un cómplice, un sucesor inmovilizado por la connivencia con el régimen que le impulsó, destacando el financiamiento ilegal de la campaña. Un gobernador que amedrenta periodistas de la talla moral de Armando Fuentes Aguirre, Catón, lo dice todo. La impunidad tiene término, local o federal, y eso lo deben tener presente el gobernador y sus cómplices.

Desde el centro resultó fácil remitir al gobernador la responsabilidad de la elección. Es una forma cómoda de eludir responsabilidad. Asumen que es el mandatario quien tiene control del partido, como si la elección fuera competencia de maquinarias orgánicas. No advierten que el juego cambió, que los repetidos éxitos del opositor no son por la debilidad del PRI en su organización sino por su desprestigio por la mala imagen de las personas que llevó al poder. Manlio Fabio Beltrones en su mensaje de salida de la dirección del PRI fue claro, como también lo ha sido Enrique Ochoa. El tema es que lo que cuenta no son las palabras sino las acciones y ese es el problema del PRI. 

El mito de las estructuras es una falacia que encubre el desvío de recursos públicos y un clientelismo que solo tiene eficacia con el abstencionismo, situación que en Coahuila se ha presentado en los pasados comicios; los próximos serán concurridos precisamente por la intensidad de la competencia.

En Coahuila será la elección entre el dinero mal habido para seguir igual y una propuesta de dignidad y esperanza. PRI y PAN han padecido la vergüenza por los malos gobiernos y personeros que han impulsado; la corrupción es común denominador. Será una prueba de fuego para el INE; deberá involucrarse en la elección si no quiere un pernicioso antecedente para una elección nacional que requerirá credibilidad y confianza de competidores y ciudadanos. Desde ahora es sumamente negativo que a base de recursos públicos se pretenda anular las posibilidades de un candidato quien por su solvencia moral es enemigo del grupo en el poder. PRI y PAN haciendo frente a la verdadera opción de cambio.

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