Juego de espejos

¿Qué hacer con Trump?/ II

Dice el periodista Jorge Ramos que no reconoce al país que le dio acogida hace más de 30 años. En su sentir, muchas de las expresiones del virtual candidato presidencial hace cuatro años hubieran sido suficientes para descalificar a cualquiera.

“No podré ver a mis hijos a los ojos y decirles que voté por un bocón y tramposo mentiroso”

Republicano de Iowa

 

Finalmente sucedió lo que muchos habían desechado. Donald Trump será candidato presidencial por el Partido Republicano. Aunque todavía está pendiente la formalidad, su candidatura es un hecho. Trump es una amenaza, pero, como todos los radicales, cuenta con un apoyo muy decidido de una minoría que cree en él y con la determinación de llevarle a la Presidencia del país más poderoso del mundo.

Dice el periodista Jorge Ramos que no reconoce al país que le dio acogida hace más de 30 años. En su sentir, muchas de las expresiones del virtual candidato presidencial hace cuatro años hubieran sido suficientes para descalificar a cualquiera. Efectivamente, la sociedad norteamericana se ha ido polarizando y alejando del centro y del sistema de representación política; sus expresiones son Donald Trump a la derecha y Bernie Sanders a la izquierda. Quizás sea la resaca por el gran paso que significó el arribo de Obama a la Presidencia; quizás sea algo más profundo y es la crisis de expectativas de una parte de la sociedad que ve en la inmigración y en la globalidad comercial y financiera la causa de sus males.

Para México es muy preocupante la manera como esa minoría ve al mundo y a sus vecinos al sur. El presidente Obama, después del retiro de los contendientes republicanos señaló que la visión internacional del señor Trump es una amenaza para la paz mundial. Una de las figuras más representativas del Partido Republicano, el speaker de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, ha reiterado que no está preparado para dar su apoyo a Donald Trump; las diferencias con él son irreconciliables respecto a las minorías étnicas y otros temas,por lo que no se someterá a la tradicional disciplina partidaria.

Hillary Clinton, probable candidata del Partido Demócrata, lo califica como bala perdida que pone mucho en riesgo. Aunque la contienda por la nominación demócrata no ha concluido, sus palabras se dirigen al sector republicano que rechaza a Donald Trump. Los sondeos recientes muestran una ventaja de la posible candidata del Partido Demócrata de más de 6 puntos, que en términos de votos electorales sería considerablemente mayor, 347 a 191, según conteo del New York Times. Pero nada está escrito y Trump ha mostrado, quizás por su retórica, ser un candidato muy competitivo.

El gobierno de México encara un dilema. No debe intervenir en temas de política interna de EU, pero tampoco puede ser omiso frente a los agresivos señalamientos de un candidato presidencial. No es lo mismo Donald Trump como aspirante que Donald Trump candidato. Sin embargo, hay un espacio grande entre lo que se asume que se debe hacer y lo que es útil o eficaz. Hay duda si la cancillería está equipada para un reto de tal magnitud.

Por su parte, los ex presidentes Fox y Calderón manifiestan su rechazo a Donald Trump. Al hacerlo el primero se pone en el mismo nivel de su contraparte. En efecto, Fox lo califica de bocón cuando al mismo tiempo se disculpa por haberse excedido en adjetivos en el cuestionamiento a Trump. Calderón tuitea con fuertes palabras que no dará un centavo para pagar el “estúpido” muro. ¿No sería mejor que ambos personajes, muy respetados en EU, tuvieran un manejo más inteligente para mostrar más que indignación razones por las que los votantes norteamericanos no debieran optar por Donald Trump? ¿Por qué mejor Calderón no invoca a Kennedy o Reagan respecto al muro de Berlín? Los muros son propios de dictaduras o totalitarismos no de democracias.

La imagen de México en el en el país vecino se ha afectado por la delincuencia y la violencia y hace que los migrantes sean vistos como amenaza en un país de por sí con alta criminalidad, entre otras cosas, por su permisividad en el comercio de armas de fuego. Los mexicanos o hispanos también son vistos como personas de trabajo, personas de bien, devotos de su familia y religión. Las palabras de los expresidentes seguramente son bien recibidas en México, pero no contribuyen a mejorar la idea que muchos de los votantes tienen de los mexicanos. Les gana el arrebato. Ambos son interlocutores útiles; sí deben participar con su opinión, pero deben hacerlo para impactar a los factores que deciden la elección: los votantes y los financiadores.

Sí es necesaria una actitud proactiva frente a la amenaza que representa Donald Trump, pero no se debe hacer personalizando el argumento, sino advertir, como lo muestra la actitud de Obama, Ryan o Hillary, lo que significaría que llegue a la Casa Blanca el proyecto del virtual candidato republicano. Son muchas las voces de calidad y con reputación, mexicanos y no mexicanos que pueden hacer valer lo importante de una buena vecindad y la valiosa aportación de los hispanos a la grandeza norteamericana.

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